En éstos y en todas las articulaciones del cuerpo puede aparecer la tan temida artritis. Enfermedad que, de acuerdo con las estadísticas mundiales, podría afectar, en algún momento de sus vidas, a la mitad de la población del mundo occidental.
Pero hablar simplemente de artritis es cometer un error por cuanto éste podría casi ser el nombre genérico de más de cien enfermedades, todas ligadas con la pérdida del cartílago esa textura que juega el papel de colchoneta entre los huesos, y la deformación o destrucción de las articulaciones. Sí existe la artritis como tal pero es apenas una. Entre las restantes, las más frecuentes suelen ser la osteoartritis, la artritis reumatoide, la artritis juvenil, el lupus eritematoso, la gota. El reumatismo, que suele confundirse con la artritis, es una enfermedad distinta que no atenta contra las articulaciones sino que se limita a los tejidos blandos como los músculos, ligamentos, tendones.
Las causas de cada una de estas enfermedades no son siempre muy claras y menos evidentes. Muchas de ellas provienen de una predisposición genética, otras se derivan de la influencia de bacterias, otras más son consecuencia del desgaste consecuente de una larga vida de esfuerzos hechos sobre algunas articulaciones. Muchas otras más son de origen desconocido. Algunas atribuidas a estados prolongados de estrés agudo.
Vale mencionar que no son solo de adultos mayores. También se diagnostican en niños y jóvenes. En este caso, la enfermedad no se agrava con la edad.
Queda establecido que ninguna de las artritis es curable. Sí se pueden tratar y aliviar los síntomas, el dolor, las inflamaciones, pero son tratamientos que requieren de una vida de cuidados. En algunos poco casos se mencionan limitaciones en la alimentación aunque cabe resaltar que la medicina tradicional no se inclina por los tratamientos asados en dietas específicas. Sí acepta algunos criterios, como la eliminación de la carne roja y el vino para quienes sufren de gota. O la pérdida de kilos cuando la persona está en sobrepeso o es obesa para eliminar la tensión que se produce sobre las articulaciones.
En términos generales, son las medicinas alternativas las que proclaman los beneficios que significa el asumir nuevos hábitos alimenticios como parte importante y benéfica del tratamiento. Estas medicinas tampoco hablan de curación pero sí mencionan dos aspectos. El primero, productos específicos para reducir la inflamación. El segundo, productos o sustancias para impedir que se agrave y para tratar de frenar el daño en los cartílagos.
Hablemos entonces del primer aspecto: los productos que pueden ayudar a desinflamar las articulaciones.
- Las grasas. Algunas pueden influir de manera negativa, otras positiva. Se mencionan las prostaglandinas, sustancias químicas que juegan un papel fundamental. Están las que provienen de las grasas animales y los aceites sometidos a altas temperaturas cuya estructura química de altera. Estas son las prostaglandinas 2, perversas culpables de la inflamación. Se les enfrentan las prostaglandinas 1 y 3. Las primeras se encuentran en aceites de poco frecuente uso tales como el de borraja, de grosella negra y linaza. Estos aceites tienen el gran inconveniente de ser de sabor fuerte y poco agradable. En cuanto a las prostaglandinas 3, mucho más fáciles de conseguir, se les encuentra en las verduras de hojas verdes grandes, en el aceite del germen de trigo y los aceites de los pescados.
- Está el Acido Linoléico Gamma (GLA por sus siglas en inglés), que ayuda a desinflamar. Lo proporcionan las semillas de ahuyama, girasol y ajonjolí. Se incluyen entre ellas las semillas de la linaza. Todas estas semillas se pueden consumir en el almuerzo y/o la cena, como ingrediente adicional a muchas preparaciones o como aderezo de las ensaladas. O simplemente se les puede comer entre las comidas crudas o tostadas, masticándolas muy bien para que se les desprenda el aceite. Molerlas es otra manera de consumirlas con el aceite liberado.
- Un tercer elemento interviene igualmente en el proceso para la desinflamación de las articulaciones. Es el Acido Linoléico Alfa (ALA por sus siglas en inglés). Su papel fundamental es el de reforzar la acción de las prostaglandinas 3 y las GLA. Se encuentra en el aceite del trigo y los aceites grasos de pescado.
- Se menciona además el jengibre. Utilizado durante siglos por la medicina hindú, el jengibre debe ser consumido a diario durante por lo menos 3 ó 4 meses para que realmente comience a actuar. Se citan varias maneras de consumirlo: molido con una especie, 1 ó 2 gramos diarios; la raíz cruda, 25 gramos, pelada y rallada, hervida como tisana. Se encuentran trozos de jengibre cristalizados, o se utiliza como condimento en helados, galletas o ponqués.
Aquí viene la segunda propuesta de los médicos no tradicionales: los alimentos que ayudan a frenar el proceso de destrucción o, por lo menos, que influyen en el bienestar de los enfermos. Mencionan como una cantidad suficiente de vitaminas y minerales impiden una mayor degeneración de las articulaciones Hacen énfasis en el papel de los antioxidantes y de minerales como el zinc, el cobre, el hierro, selenio y manganeso. El llevar una pulsera (o brazalete) en cobre puede aportar un beneficio por cuanto pequeñas cantidades del mineral acaban siendo absorbidas a través de la piel.
Entre las vitaminas, el énfasis se da a los betacarotenos, y las vitaminas A, C y E. Se recuerda que los antioxidantes se encuentran en las frutas y verduras. Sin embargo, si por distintas razones, la persona no está en capacidad de consumir cantidades suficientes de productos frescos, se le aconseja solicitar a un médico que le formule unos suplementos de vitaminas y minerales.
Hay conceptos y términos que de pronto hacen irrupción en nuestras vidas. Empiezan su trayectoria en los laboratorios, pasan por los medios de comunicación y llegan luego al lenguaje popular. Nos hablan de hechos o de productos que, en sí no son nuevos, pero que, hasta ese momento, no habíamos incorporado en nuestro saber cotidiano. Y que, por falta de divulgación no habían invadido los mercados.
Uno de estos términos es el gluten. Aquí, una vez más, nos encontramos frente a un trastorno de la salud inducido o derivado de la alimentación.
Por supuesto, esta proteína propia del trigo y del centeno no tiene nada de nuevo. De ella, y de sus efectos nocivos sobre el sistema digestivo hablaban los antiguos griegos, dos siglos antes de la era cristiana. Pero en los últimos años, y a raíz de la divulgación de numerosas investigaciones científicas, el gluten se convirtió en gran personaje. Muy popular y muy de salón aún si muchos de nosotros no sabemos muy bien en qué consiste y qué daños produce.
Una persona alérgica o que es intolerante al gluten puede sufrir de la enfermedad celiaca si no emprende una dieta alimenticia estrictamente libre de trigo, de centeno y a veces de avena y cebada. Estos dos últimos cereales pueden despertar en algunas personas intolerancia o alergia.
La enfermedad celiaca es mucho más frecuente de lo que se podría suponer. En un principio, se pensaba que solo afectaba a los recién nacidos y niños de baja edad. Sin embargo, se establece hoy que la enfermedad afecta a una de cada 1.500 personas en el mundo. Ya son personas adultas las diagnosticadas. Muchas de ellas entre los 30 y 45 años, otras muchas más allá de los 60 años. De acuerdo con las investigaciones, la frecuencia podría ser netamente superior pero muchas personas que la sufren cursan la vida sin ser detectadas. Como se verá, los síntomas de la enfermedad, lejos de ser específicos, pueden ser atribuidos a una gran variedad de distintos disturbios y trastornos gastrointestinales, digestivos o de otra índole.
¿Cuáles son los síntomas?
A grandes rasgos se habla de la aparición de una gran fatiga crónica que no parece tener causa aparente, y de pérdida de apetito y de peso. Pero, de manera más concreta, se citan otros síntomas tales como: aparición frecuente de úlceras en la boca, molestia abdominal con inflamación y flatulencia. Diarrea más náuseas con vómito y pérdida de peso junto con trastornos del apetito. La fatiga puede deberse a una anemia por falta de hierro y malabsorción del ácido fólico o vitamina B9.
La reacción puede ser dermatológica y extenderse a otras partes del cuerpo. Por ejemplo, habrá quienes sufran de prurito y dermatitis, irritaciones diversas de la piel, pequeñas pústulas ubicadas sobre todo en codos y rodillas.
Otras reacciones incluirán dolores en los músculos y articulaciones, tos, nariz irritada, ojos llorosos que rascan, dolores en el pecho, palpitaciones, depresión y cambios bruscos de los estados de ánimo.
Como se confirma, ninguno de estos síntomas es exclusivo de la enfermedad celiaca y solo un médico, gracias a una biopsia del intestino delgado puede confirmarla.
Los síntomas pueden aparecer de una manera abrupta, sin preaviso, a cualquier edad. O pueden ser como seguimiento a largos períodos de malestares estomacales y digestivos. La enfermedad afecta todo el sistema digestivo pero de manera muy especial, altera la integridad del intestino delgado. Es allí donde ocurre la reacción debida a la intolerancia, después de que el alimento ha atravesado el estómago.
Cuando la enfermedad celiaca no es detectada ni confirmada, la persona sigue perdiendo peso, se vuelve irascible, con trastornos serios del apetito, frecuentes náuseas y vómito. Si se trata de un niño, la condición de alud puede verse seriamente comprometida mientras degenera el estado general de la salud del pequeño.
Para contrarrestar la enfermedad no existen medicamentos. Tampoco existe cura. Es una condición que exige dieta alimenticia para toda la vida Y esa dieta, ya lo vimos, se basa en la eliminación total de todo lo que es o puede contener trigo y centeno. Para un grupo de personas, la dieta se debe extender a la supresión de otros cereales que contienen proteínas similares al gluten.
En un primer momento, la medida puede parecer drástica y muy difícil de acatar. Sin embargo, y precisamente por la gran divulgación que ha tenido la enfermedad en los últimos años, la industria alimenticia ha lanzado al mercado una inmensa variedad de alimentos libres de gluten. Así lo manifiestan en la etiqueta.
Aún con este aviso, las personas deben poner atención a la presencia insospechada de trigo. Es el caso, para dar unos ejemplos, de las salsas a las que se les agregan una o dos cucharadas de harina de trigo para espesarlas, o de los pudines que también se espesan con harina, o de las carnes, pollo o camarones escabechados o cubiertos de miga de pan, croquetas de papa u otros a los que igualmente se les agregó harina para compactar.
Otros alimentos deben ser eliminados porque incluyen, de manera insospechada, así sean mínimas cantidades, harina de trigo o de centeno, avena o cebada. Entre ellos:
- Ingredientes como el polvo para hornear, malta, el curry y la mostaza en polvo, especies como pimientas blanca y negra ya molidas, cubos de caldo.
- Pasta, aún algunas pastas del Lejano Oriente que, habiendo sido confeccionadas con harina de arroz, pueden contener trigo.
- Algunos cereales listos para el desayuno.
- Vinagretas para ensaladas ya listas.
- Algunos quesos procesados, algunos yogures saborizados.
- Salchichas, pies de carne, hamburguesas de carne de res, patés, alimentos enrobados en miga de pan o cereales.
- Nueces tostadas.
- Cervezas y bebidas a base de malta.
Hay frecuentes errores que cometemos frente al colesterol. Uno de ellos, quizá el más frecuente, es no practicarse el examen anual de sangre que nos indique los niveles de colesterol, triglicéridos, glicemia y otros. Todos los adultos deberíamos hacernos ese control como muy sabia medida de prevención. Pero muchos de nosotros pensamos que no lo necesitamos porque "para qué si nos sentimos muy bien"...
El segundo error es pensar que el colesterol es asunto de otros. Si en realidad se encuentran en nuestro examen altos niveles de colesterol nos "olvidamos" de consultar con el médico porque igual, "para qué si nos sentimos bien"...
El tercer error es el pensar que, porque tomamos medicamentos para reducir los niveles de colesterol en la sangre, nos es permitido comer de todo, incluidos fritos y cremas. Finalmente, los medicamentos actúan solitos y son suficientes para protegernos (eso pensamos!).
Otro error adicional es la infidelidad: hoy hago dieta para poder comer mañana todo lo que se me antoja. Luego veremos... Porque no sabemos que los niveles de colesterol se trepan muy alto pero se demoran mucho en bajar, y no es un día sí otro no que es suficiente poner atención. Es como los amores: hay que cuidarlos todos los días!
El colesterol. No es una grasa en sí y tampoco es un espanto. Es una sustancia que el cuerpo produce y que es indispensable para varias funciones vitales. Entre ellas, el transporte a varios órganos, a través del flujo sanguíneo, de hormonas y ácidos grasos esenciales. Esa cantidad producida por el hígado es ampliamente suficiente y suple las necesidades del cuerpo. Sin embargo, no es la única que se encuentra en nosotros: a través de la alimentación nos llegan cantidades más o menos significativas de colesterol. Depende de lo que comemos.
Cuando nos llegan cantidades moderadas, el cuerpo las tolera y por lo general no perjudican. Sin embargo, cuando son cantidades mayores, ocurren dos procesos: por una parte, el hígado se descontrola e incrementa de manera significativa su propia producción; por otra, el excedente comienza a circular en la sangre y acaba aglutinándose en las paredes de las arterias. Allí se inicia el proceso que llevará al infarto cardíaco o cerebral.
El examen de sangre indica la cifra del colesterol total, la cantidad del colesterol de baja densidad (LDL) conocido como el malo, y la del colesterol de alta densidad (HDL) conocido como el bueno. En general, se espera que el bueno oscile entre 180 y 200. Sin embargo, esta cifra varía de acuerdo con distintos criterios. Uno de éstos es el racial: pueblos semitas suelen registrar cifras totales más altas que las de otros pueblos.
En cuanto al LDL y al HDL, el laboratorio indica las cantidades máximas permitidas. Se estipula que, entre más bajo es el LDL, mejor es el resultado, mientras que entre más alto sea el HDL más saludable es. Este colesterol bueno juega el papel del camión que transporta la basura para que sea eliminada. La basura, por supuesto, es el colesterol malo, el que se adhiere a las paredes internas de las arterias hasta taponarlas e impedir el paso de la sangre hacia el corazón, el cerebro o el intestino grueso.
¿Cómo combatir y controlar el colesterol?
Aquí entre en escena el Buen Comer. Pero antes es preciso hacer dos aclaraciones. La primera de ellas es que todos nosotros necesitamos de cantidades mínimas de grasa para mantener la salud y el bienestar. La grasa es una excelente fuente de energía (cada gramo aporta 9 calorías) y es importante para que se cumplan distintos procesos tales como la digestión. Para tranquilizarlos, aunque no sea fácil calcular, es conveniente mencionar que en una dieta de 2.000 calorías diarias, el 30 por ciento, o sean 66.6 calorías deben o pueden provenir de productos grasos, sean aceites, nueces u otros. Así que no es necesario emprender una dieta heroica donde queden eliminados aceites y demás grasas.
La segunda aclaración es que, si bien la dieta es indispensable para controlar los niveles del colesterol, también lo son los medicamentos. De manera especial cuando ese colesterol alto es heredado, es decir que proviene de una predisposición genética. En este caso la dieta acaba siendo insuficiente.
De todos modos, para todos, la dieta debe tener una misma columna vertebral: la disminución, ojalá eliminación de las grasas saturadas. Ya las conocemos: son las carnes rojas con sus gordos, el pollo con su piel, la eche entera lo mismo que los demás productos lácteos (incluidos quesos, mantequilla y cremas), los huevos. Las margarinas y aceites vegetales que hayan sido hidrogenados. El coco y el aceite de palma.
Miremos cifras: el total de colesterol que nos es permitido consumir en un día es de 300 microgramos (mgs.). Veamos entonces: una yema de huevo contiene 1.260 mgs., 100 gramos de queso doble crema, 140; 100 gramos de mayonesa 260; 100 gramos de pechuga de pollo 70, lo mismo que 100 gramos de trucha o de queso cheddar; los 100 gramos de camarones 195. Respecto a estos últimos se anota que su consumo es autorizado de vez en cuando por cuanto el perjuicio no proviene solo del colesterol en sí sino de la grasa saturada, ausente de los camarones y langostinos.
Pero hay alimentos que no solo ayudan a bajar los niveles de colesterol malo sino que bloquean su absorción. Mientras que otros alimentos contribuyen a elevar los niveles del buen colesterol. Entre todos ellos:
- Las fibras. Alimentos con fibras solubles que contienen pectina, entre las que están la avena, el trigo integral, arvejas y habichuelas, manzanas. Los alimentos que aportan fibras insolubles o celulosa, entre ellos las verduras y las frutas, algunas leguminosas.
- Los antioxidantes. Poderosas sustancias no solo para impedir la acción destructiva de los radicales libres sino también para bloquear la destrucción de las arterias por parte del LDL. Se ha comprobado que la oxidación de las células junto con el colesterol malo predisponen a la aparición del cáncer. Los antioxidantes se encuentran en cantidades en las verduras y frutas que contienen carotenos y vitamina C, en aceites vegetales, semillas y nueces que aportan vitamina E, selenio, zinc, magnesio, y en algunas proteínas como las del repollo, brócoli y otros.
- Pescados ya otras veces citados, de carne grasa, a ser consumidos por lo menos dos o tres veces por semana.
- Nueces y semillas
- Avena, a ser consumida todos los días en cantidad no inferior a los 50 gramos.
- Aceites de oliva y canola.
- Leguminosas como las lentejas, garbanzos, fríjoles.
- Cereales integrales.
Hojeando mis libros de consulta, en busca de temas interesantes, encontré una bien extensa lista de recomendaciones en torno a lo que es saludable comer y lo que se debería evitar.
Menciona como saber seleccionar sus alimentos para mantenerse sano es una responsabilidad que cada uno debe asumir. Y recalca que todo alimento puede revestirse de un doble papel: proteger la salud, fortalecer el cuerpo y evitar trastornos y enfermedades, o, por el contrario, abrir la puerta a reacciones negativas. Depende de muchos factores, entre los cuales el uso o el mal uso que les damos a esos alimentos.
Las recomendaciones van incluidas en un muy interesante libro intitulado "Healing Foods for special diets", editorial Select Edition. La obra incluye más de 300 recetas propuestas con los más saludables ingredientes junto con una tabla que reproduce las principales informaciones acerca de la preparación tales como calorías, grasas (saturadas y no), azúcares, fibra y sodio.
El énfasis de los consejos está puesto en la prevención del cáncer. Recalcan además la importancia de consumir alimentos integrales y de siempre buscar los productos orgánicos.
Aquí va un compendio de los consejos:
- Analice las tablas y etiquetas de todos los empaques y evite los productos que contienen aditivos.
- Consuma una mayor cantidad de alimentos crudos. Contienen importantes enzimas que ayudan a mantener el cuerpo saludable. Estas enzimas, junto con las vitaminas son destruidas durante la cocción.
- Complemente sus comida con jugos frescos de verduras y frutas. Estos pueden servir como medias nueves y onces, para ser tomados entre las comidas. No les agregue azúcar.
- Beba bastante té verde. Es buen protector contra el cáncer.
- No olvide de tomar bastante agua a lo largo del día. El consejo que se suele dar es de llegar a ocho vasos diarios. Ojalá sean de agua aunque pueden complementarse con otras bebidas tales como los tés aromáticos y los jugos de frutas y verduras no azucarados y frescos.
- En sus ratos libres cultive hierbas y siembre semillas de las que podrá comer los retoños. Muchas de éstas son antioxidantes y ayudan a purificar el organismo.
- Si no le es posible comprar sus verduras y frutas en los huertos en donde son cultivadas, adquiéralos en los supermercados que tienen buen surtido y permanente renovación.
- Rechace y elimine todo producto, incluidas frutas y verduras, que no sea fresco o que esté averiado. No es suficiente cortar o deshacerse del pedazo dañado, es mejor eliminar toda la pieza.
- Elimine de su dieta el azúcar blanco o refinado y los productos que lo contienen. Unas semanas después de haberlos eliminado usted se habrá acostumbrado a no depender de los productos endulzados.
- Elimine también los alimentos fritos y evite las grasas o aceites hidrogenados y las margarinas.
- Utilice aceite de oliva, de colza y de ajonjolí. Ocasionalmente cocine con los demás aceites vegetales pero tenga en cuenta que son altos en Omega 6, ácido graso esencial del que no se debe abusar.
- Consuma pescados de carne grasa tales como el atún, las sardinas, el arenque y el salmón. Son ricos en Omega 3.
- Consuma la leche baja en grasa. Prefiera el yogur natural libre de grasa. Así mismo, seleccione los quesos y demás productos lácteos hechos con leche desgrasada (o desnatada como dicen los españoles).
- Disminuya el consumo de carnes rojas. Prefiera el pollo que contiene menos grasa.
- Busque las proteínas completas de alta calidad. Incluya huevos y productos lácteos junto con las proteínas de origen animal. Si las prefiere de origen vegetal, como las leguminosas (lentejas, garbanzos, fríjoles) no olvide mezclarlas con cereales para hacerlas completas.
- Incremente su consumo de productos que le aporten fibras solubles e insolubles: verduras, frutas, leguminosas, cereales, nueces.
- Recuerde que la proporción ideal del consumo diario es de no menos de cinco porciones entre verduras y frutas. Escójalos de distintos colores para recibir toda la gama de nutrientes.
- Evite los productos hechos con harina blanca refinada.
- El arroz integral es una excelente opción para hacer sus reservas en vitaminas, minerales, aminoácidos
- Utilice con frecuencia las cebollas y el ajo.
- Hierbabuena, tomillo, albahaca y orégano así como otras hierbas aromáticas ayudan a limpiar el organismo.
- No descuide la sal: es indispensable pero en cantidades muy pequeñas.
Para evitar
- Productos ya listos a los que se les ha agregado sal.
- Fritos
- Aditivos, conservantes, colorantes.
- Alimentos fritos vendidos en paquetes, aún si llevan la etiqueta de "light".
- Cereales y galletas o bizcochos confeccionados con azúcar refinado.
- Bebidas alcohólicas químicamente procesadas. Prefiera el vino, y si es rojo, mejor.
- Cremas, margarinas, mantequillas, mayonesas, tocineta.
- Evite jamones y otras carnes saladas.
- No abuse de las proteínas: excederse puede afectar el sistema digestivo y los riñones.
- No coma de afán, tome su tiempo y mastique bien.
- Evite obsesionarse en la búsqueda de las comidas más saludables. Si comete pecadillos ocasionales no le pasará nada y habrá tenido un poco de placer.
Los antiguos griegos pensaban que la sal era el regalo que les hacían los dioses. Los romanos mezclaban la sal con el incienso y la ofrendaban en sus altares. Los hebreos esparcían con sal todo don que les hacían a sus dioses.
En el Medioevo, la sal era símbolo de prosperidad y hospitalidad. Se pagaban las obligaciones pecuniarias las deudas y los trueques con sal. Inclusive, de la Revolución Francesa se heredó un impuesto a la sal.
Durante siglos la sal fue sinónimo de purificación y de bienestar.
Y nosotros hoy nos damos la tarea de mal apreciarla. La convertimos en elemento tan común, presente en todas las cocinas y mesas que ya solo nos fijamos en ella para espolvorearla en nuestra comida. Muchas veces con gestos mecánicos. Sí sabemos que es indispensable para darle sabor a los alimentos, fundamental para conservarlos, pero no más. A menos que, por exigencia del mercadeo, volvamos a descubrir la sal marina gruesa, la sal gris, la flor de sal, sales por las que pagamos cantidades de dinero casi por capricho.
Porque, reconozcámoslo, estamos abusando de la sal. Sí, es un elemento indispensable para que el cuerpo funcione bien. Pero con tan solo 2.5 gramos al día son suficientes. Sin embargo, el promedio que consume el hombre occidental es de cinco a diez veces superior. Demasiado dicen los especialistas: la sal tiene efectos nocivos cuando se abusa de ella.
Usted podrá pensar que no es su caso por cuanto nunca agrega sal a la comida cuando está en la mesa. Ya veremos cómo se nos ha ido colando, de manera subrepticia, sin siquiera darnos cuenta. Hay verduras que de manera natural llevan sal, es el caso del apio, los berros, la remolacha y la espinaca. El pescado y la carne también tienen sal. Pero más allá, podemos decir que todo o casi todo lo que llevamos a la boca también tiene sal agregada.
En sí, lo que llamamos sal es el clorhidrato de sodio, es decir, la combinación de sodio en un 40 por ciento y ácido clorhídrico en un 60 por ciento. En el organismo, su papel principal es el de mantener la hidratación de todos los tejidos. Se recuerda que el cuerpo humano está hecho en entre un 60 y 70 por ciento de agua y otros fluidos y cualquier falla en su hidratación puede derivarse, como lo veremos más adelante, en trastornos de distinta severidad.
¿Qué sucede cuando se abusa del sodio? Cuando se exagera el consumo de vitamina C, nada pasa por cuanto el cuerpo excreta el sobrante a través de la orina. No sucede igual con la sal: en vez de ser excretada, comienza a ser absorbida y mezclada a los fluidos de nuestro organismo, entre los cuales la sangre. Entre más sodio se consume, mayor se hace la concentración del mineral en la sangre. Para regresar a los niveles normales de sodio, el organismo comienza a promover el bombeo de los líquidos que las células contienen para mandarlo al flujo sanguíneo. Esta situación se traduce en una necesidad creciente de líquido y la persona comienza a sentirse sedienta.
Esta es la manifestación exterior. Pero el proceso en sí, interno no pasa desapercibido sino que tiene consecuencias. tanto líquido bombeado de las células, cantidad que puede superar muchos litros, pondrá en aprietos al sistema vascular y al mismo corazón, obligándolo a trabajar más. La consecuencia: se eleva la tensión arterial.
Y ¿qué sucede cuando no se consume suficiente sal? La ausencia de sodio acaba siendo tan peligrosa como su exceso. Da lugar a un disbalance de los sistemas corporales. Es cuando aparece la deshidratación y con ella los calambres y dolores musculares, el agotamiento, la anorexia, náuseas y vómito, confusión mental y pérdida del conocimiento, estado que exige un tratamiento de urgencia. Es una situación que afecta a quienes practican deportes de gran intensidad sin tener la precaución de hidratarse antes, durante y después del ejercicio. Puede igualmente ocurrirles a quienes se encuentran en climas demasiado calientes, que ejercen labores duras a la intemperie y que pierden el sodio a través de una excesiva sudoración.
Es cuando interviene el potasio, segundo mineral indispensable para el equilibrio hídrico del organismo. Se ha comprobado que el exceso de sodio lleva a una pérdida significativa de potasio. Y se ha sugerido que la hipertensión arterial que proviene de un exceso de sodio podría corregirse con el incremento de potasio. Este se encuentra con facilidad en verduras y frutas.
No caben dudas en el mundo científico: entre más sal se consume, más cantidad de líquido circula y se almacena en el cuerpo. La presión que se ejerce sobre las venas y la habilidad del corazón para bombear la sangre a través de éstas y las arterias se traduce en hipertensión arterial. Naciones como las del Lejano Oriente en donde se consume poca sal, desconocen lo que es la tensión arterial alta. Se recuerda que ésta es el primer paso hacia el infarto de corazón y cerebro y para la aparición de afecciones severas en las coronarias.
Hay otras consecuencias negativas derivadas del exceso de sal. Se ha confirmado que éste lleva a la pérdida de calcio de los huesos, mineral que se excreta a través de la orina. La descalcificación ósea se traduce en osteoporosis con todas sus complicaciones y traumas severos.
Hasta se ha llegado a mencionar la posible relación entre el exceso de sodio y el cáncer de estómago, de nariz y faringe. Aunque los estudios no son concluyentes, los especialistas han recomendado que el consumo diario no pase de 6 gramos de sal al día, o sea el equivalente de 2.4 gramos de sodio.
De nuevo pensamos que, por no utilizar el salero en la mesa, nos encontramos a salvo de los abusos. Es preciso perder esa ilusión y es fácil lograrlo si miramos cada uno de los productos que llegan a nuestras mesas. Porque sal taimada, subrepticia se encuentra por todas partes. Echemos una ojeada:
- Cubos de caldo
- Salsas comerciales como las vinagretas, salsas de carne o de anchoas, de tomate, el ketchup, la mostaza, la mayonesa...
- Mantequillas y quesos
- Pescados enlatados
- Pescado ahumados
- Verduras enlatadas
- Panes y galletas, tortas
- Jamones, salchichas
- Encurtidos
- Platos ya listos para ser consumidos
- Comida china con monosodio glutomato
Y la lista se extiende casi al infinito!
Existe una amistad muy feliz entre ellos. una amistad que se extiende además al cerebro y pasa, casi sin límites, al resto del cuerpo. Amigos son también otros frutos de mar que contribuyen, al igual que el pescado, a proteger contra algunos cánceres.
Es una amistad de la que se benefician el cerebro y el corazón de grandes y pequeños, mientras que los pescados y frutos de mar ven crecer su buena estrella y su fama. Así es como llegaron a ocupar hoy un puesto de privilegio en las dietas del Buen Comer. Los pescados son excelentes fuentes de minerales y vitaminas pero son, sobre todo, ricos en ácidos grasos esenciales, entre los cuales el omega 3.
Precisamente es este omega 3 el operador de los "milagros". Entre éstos, hay muchos ejemplos: las personas que comen con bastante frecuencia pescado y otros productos de mar tienen entre 40 y 60 por ciento menos riesgos de morir por fallas cardíacas. No se trata solo de la prevención del infarto del miocardio sino de la muerte súbita ocasionada por episodios de arritmias cardíacas. Veamos estas conclusiones: si usted ya sufrió de un infarto, el consumo de pescado, por lo menos tres veces a la semana, lo protegerá contra una reincidencia. Si usted nunca lo sufrió el mismo pescado le ayudará a prevenir un infarto. Con estas frecuencias: en el primer caso, se reducirá en un 45 por ciento la presencia de arritmias cardíacas mortales mientras que, en el segundo caso, la reducción será de 81 por ciento. Lo que equivaldría a decir que, con el consumo de pescado, ase podría evitar la muerte por arritmias de 8 de diez personas.
El pescado tiene igualmente mucho que ver con otros aspectos que atañen al corazón y su integridad:
- Beneficia los tiempos de coagulación impidiendo la formación de trombos o alteraciones que conduzcan a un infarto;
- Mejora la tensión arterial gracias a su importante aporte de potasio y su bajo contenido en sodio;
- Ayuda a nivelar las cifras del colesterol en la sangre. Incrementa el porcentaje del colesterol bueno. La grasa de algunos de los pescados ayuda a bajar las cifras del colesterol total y de los triglicéridos.
¿Qué significa comer con frecuencia? Por lo menos entre 300 y 400 gramos a la semana, lo que equivale a entre tres y cuatro comidas. Pescados y también frutos de mar como las ostras, camarones, langostinos y langostas y los mejillones. Aunque todos éstos aportan colesterol, los beneficios que proporcionan son tan altos que los médicos autorizan a quienes sufren de colesterol alto incluirlos en su dieta una vez a la semana. Entre los pescados, vale la pena insistir en los más grasosos como el atún, el salmón, la trucha y las anchoas.
Entre los pescados de carne blanca, se cita de manera prioritaria al bacalao. Excelente en su tenor en proteínas, aporta los 8 aminoácidos esenciales que el cuerpo necesita y que no procesa por sí mismo. Es además rico en ácidos grasos esenciales. Este y otros pescados blancos aportan vitaminas A, B (12 y 9) y D, potasio, fósforo, sodio, calcio y flúor.
De todos modos, todos los pescados son provechosos, frescos o enlatados, no tiene importancia. Estos últimos no pierden sus cualidades. No ocurre lo mismo en los congelados. Bien seda por ubicación geográfica u otros factores del mercado, incontables personas no tienen la posibilidad de comprar el pescado fresco. En este caso, es aconsejado adquirir el pescado que tenga un tiempo máximo de entre 3 y 6 meses de congelación. Tiempo tras el cual el producto, aunque no se degrada, sí comienza a perder su aporte en minerales y el omega 3.
Hablemos ahora de la gran amistad, por no decir "compinchería" que existe entre el cerebro y los productos de mar. Ya lo habíamos comentado en ocasión anterior que el pescado y sus congéneres marinos son ricos en zinc, mineral indispensable para el buen funcionamiento del cerebro. Investigaciones adelantadas en distintos países a lo largo de las últimas décadas concluyeron que las facultades mentales y la memoria de quienes no consumían pescado tendrían a alterarse con más facilidad a través de los años. En cambio, adultos mayores grandes consumidores de productos de mar presentaron dos veces menos alteraciones intelectuales y conservaron casi intactas sus facultades mentales.
Esta protección se debe no solo a los minerales y vitaminas sino también al omega 3. Un ácido graso esencial que se incorpora con gran facilidad a las neuronas y con ello vela por el desarrollo y el mantenimiento del cerebro, maravilloso órgano mayor. El efecto no solo beneficia a los adultos mayores sino que comienza a ejercerse cuando el feto aún se encuentra en el útero de su madre. La protección se extiende aún después del nacimiento y a lo largo de los primeros años de vida hasta la edad adulta. De donde la importancia de que madres gestantes, niños y adultos tengan el pescado como parte de su dieta cotidiana.
Hay un elemento adicional no solo relacionado con el cerebro sino con el sistema nervioso en general: el omega 3 también interviene para la prevención y el tratamiento de enfermedades como la depresión. Canadá, Alemania y Nueva Zelanda, países en donde se acostumbra poco la comida de mar registran mayores niveles de depresión frente a otros países como Japón, Corea y Taiwan.
Un punto adicional: las mujeres que, durante la gestación, suelen incluir con frecuencia los productos marinos en su alimentación sufren mucho menos de la bien conocida depresión que sigue al parto. Al consumo del pescado se le suma igualmente el del aceite de canola, rico en omega 3.
Y llegamos al cáncer. El consenso no es unánime pues grupos de investigadores no hallaron relación positiva en relación con la prevención del cáncer y el consumo de pescado. Otros investigadores en cambio hablan de las bondades del aceite de pescado para impedir la diseminación de las células cancerosas del seno. Así mismo se ha comprobado que el consumo frecuente de pescado sí protege contra el cáncer de próstata.
Acción que se atribuye al omega 3. Se recuerda que los mayores portadoras de este ácido graso esencial son el salmón (ya muchas veces mencionado), el arenque y el atún, y, en menores proporciones, las sardinas y anguilas, anchoas y trucha, ostras y langosta.
Hay alimentos que tienen muy mala fama cuando de migrañas se habla. Mala fama bien merecida: algunos de ellos son bien conocidos como el chocolate, el vino rojo, los quesos maduros y la cafeína.
Bien lo saben las personas que sufren de frecuentes jaquecas. Son estos los primeros productos que los médicos aconsejan evitar o eliminar de la dieta cotidiana. Pero si ellos fueran los únicos malvados, el asunto sería casi trivial o, por lo menos, más fácil de solucionar. Sin embargo, una multitud de otros productos actúan de manera asolapada como instigadores de migrañas. No despiertan siquiera sospechas y por ello son los peores protagonistas. Porque, hasta llegar a detectarlos, acusarlos y condenarlos, pueden pasar meses y hasta años. Y la persona, mientras tanto, sigue sufriendo de sus dolores.
Esos productos asolapados son tan inofensivos en apariencia! ¿O acaso usted sospecharía que el arroz o el yogur o una tajada de pan, o si acaso un banano son capaces de tumbarlo a la cama y de incapacitarlo como suele suceder cuando se presenta la migraña más fuerte? Comencemos a sorprendernos pero, más que eso, despertemos al detective que suele dormir en nosotros para que examine, analice, investigue. Es cuando saldrán a la luz las sorpresas y los malvados, aquellos que nos pudieron acompañar a lo largo de varios años ataviados con la piel del buen amigo pero que, señalados, acaban siendo los peores enemigos. Capaces de alterar la calidad de vida de cualquier persona, niño o adulto.
No caben dudas: la alimentación juega un papel decisivo y fundamental e un sinnúmero de casos de migrañas. Sin embargo, ella no es la única. Se comienza por enumerar la predisposición genética o sensibilidad hereditaria a sufrir de migrañas. Se habla igualmente de intolerancias a ciertas sustancias, de fallas orgánicas o deficiencias para metabolizar o absorber ingredientes u otras sustancias como preservativos o saborizantes. Se menciona así mismo la conjugación de varios factores como los trastornos del sueño junto con un alimento, o la mezcla de dos productos tales como vino rojo y salchichas. Lo que significa que, en muchos casos, la alimentación por sí sola, un solo producto solo no son siempre los causantes de los dolores de cabeza.
De por qué se desencadena una migraña con un alimento, de cuál es el mecanismo, no es siempre muy claro. Sin embargo, se establece que algunas sustancias químicas presentes en algún alimento, como las tiraminas y el nitrito, pueden ejercer una acción directa sobre el cerebro, desencadenar cambios neurales y vasculares, estimular la constricción de vasos sanguíneos o la dilatación de los mismos. Todos estos cambios y reacciones trazan el camino hacia la migraña.
Antes de enumerar los productos que pueden ser tildados como culpables, vamos a revisar los que ya han adquirido su mala fama Entre ellos, las aminas. Estos son compuestos químicos que se encuentran en una gran cantidad de alimentos. Entre los cuales se incluye el chocolate. Ya en la antigua Grecia se decía que el dátil causaba dolor de cabeza. Hoy, al analizarlo, se establece que, en efecto, en su estructura química, los dátiles contienen una amina. El chocolate, por su parte, también la contiene y es la feniletilamina. Los cítricos, otros desencadenantes de la jaqueca, contienen octopamina.
Pero la amina más frecuentemente inculpada es la tiramina. Se le encuentra en bebidas como el vino rojo, y en alimentos como los quesos curados o maduros, el yogur, la crema agria, algunos pescados como los arenques, carnes curadas o procesadas (jamones, salchichas), en productos elaborados con levadura (panes y tortas), frutas entre ellas los higos, dátiles y uvas pasas, las nueces y el repollo conservado en vino o vinagre.
Ya vemos porque, entre las bebidas alcohólicas, el vino es el mayor instigador de las migrañas. Así mismo se confirma la culpabilidad del chocolate. Vayamos más adelante en las observaciones. Así, dos sustancias insospechadas entran al escenario: el aspartame y el glutomato monosódico. La culpabilidad del primero, conocido edulcorante artificial, se dedujo después de ser sometido a varias investigaciones. En éstas se observó la reacción de los pacientes que lo consumían y que no solo sufrían de dolor de cabeza sino de otros síntomas tales como mareos, debilidad y trastornos de la visión.
En cuanto al glutomato monosódico, se le culpó del llamado síndrome del restaurante chino: el dolor de cabeza va acompañado por otros síntomas como ardor y hormigueo en el rostro y el pecho, sudoración, calambres abdominales y mareos. No todas las personas metabolizan el glutomato lo que lleva a la acumulación de la sustancia en la sangre y el desencadenamiento del dolor de cabeza y los demás síntomas. El producto se utiliza para realzar el sabor de los productos procesados y se le encuentra con frecuencia en muchas de las salsas que se ofrecen en los restaurantes chinos. No figura de manera discriminada en la lista de las etiquetas de los productos, si acaso puede aparecer como proteína vegetal hidrolizada o extracto de Kombu.
En la lista de los más culpables se incluye la cafeína pero con la advertencia de que puede tener efectos totalmente opuestos: mientras una persona cura su dolor de cabeza con una taza de café fuerte, otra, por el contrario, reaccionará con una migraña. Así, la cafeína puede actuar como analgésico o convertirse en amenaza. ¿Deben quienes sufren de migrañas suprimir todas las bebidas que contengan cafeína? Es una medida de prevención que aconsejan los médicos. Aunque debe advertirse que las personas afectadas suelen tener previa predisposición genética. Por ello, una vez pasados algunos días sin que se presente migraña, las personas pueden ir reintroduciendo con parquedad la cafeína. Una taza por día, por ejemplo, o cada dos días. Con frecuencia la reacción no es inmediata sino que demora horas y a veces días. Según la reacción que observen concluirán si la cafeína sí es la verdadera culpable o si deben buscar por otro lado.
Una segunda advertencia se relaciona con la cafeína y es la abstinencia que se resiente cuando se suspende de manera abrupta. La cafeína causa adicción, lo vemos en jóvenes que no pueden pasarse de gaseosas que la contienen. Para que no aparezcan los efectos desagradables de la abstinencia, la eliminación o suspensión debe hacerse de manera paulatina, poco a poco y mientras el cuerpo aprende a liberarse de la sustancia.
Y ya que mencionamos a los niños, es oportuno comentar que también ellos pueden sufrir de migrañas severas, muchas de ellas ocasionadas por intolerancias a reacciones adversas a algún o varios alimentos. Estos tienen en los menores de edad un poder quizá mayor para provocar migrañas.
Entre las investigaciones más contundentes fueron detectados más d 50 alimentos que eran capaces de alterar la salud de los niños y niñas de entre tres y 16 años. Entre ellos se encontró que la leche de vaca era la más frecuente culpable, seguida por los huevos, el chocolate, las naranjas, el trigo, el queso y el tomate. Se encontraron igualmente en la lista las carnes de res y cerdo, el maíz, la soya, el maní, las papas, los duraznos y las manzanas y otras hortalizas lo mismo que el pollo y el tocino. En muchos casos, las reacciones eran bastante dramáticas por cuanto al dolor de cabeza se agregan crisis similares a la de la epilepsia. Al suspender los alimentos causantes del daño, tanto el dolor como las crisis desaparecieron.
A manera de orientación, se incluye acá la lista de los alimentos que desencadenan con mayor frecuencia las migrañas:
- La cafeína en café, té, helado y bebidas de cola
- El chocolate
- El queso, primordialmente el curado y el maduro
- El yogur y la crema agria
- Las nueces, incluida la mantequilla de maní
- Las carnes procesadas, curadas y añejadas (jamones, salchichas, tocino y otros)
- Bebidas alcohólicas, especialmente el vino rojo, la champaña
- El glutomato monosódico
- Los cítricos, la piña y los jugos de estas frutas
- Otras frutas como los higos, dátiles, ciruelas rojas, bananos, uvas pasas, aguacate
- Algunas verduras como las habas, las habichuelas, el repollo, la cebolla
- Panes hechos con levadura
- Aspartame
Hay épocas, y sin que se sepa muy bien por qué, uno parece hecho en porcelana. Tan delicado y frágil como ese noble material. Cuando cualquier bacteria o virus ataca y produce estragos desproporcionados.
Son esa épocas en que se pasa de un resfriado a otro, de un achaque al siguiente, de una infección intestinal a un dolor de garganta y hasta a una angina. Como diría una vieja matrona: mejor dicho, no levanta cabeza!
Esto suele suceder porque el sistema inmunitario está débil. No alcanza a producir las defensas suficientes para protegernos, para frenar y combatir las infecciones y otras enfermedades. En épocas de lluvias, se culpa al frío de la debilidad. En verano, es porque no circula el viento y los microbios no fluyen sino que se concentran a nuestro alrededor. Cuando hay mucho trabajo, al agotamiento le recae la culpa. Y si se está desempleado es precisamente porque la cabeza no da tregua en sus preocupaciones haciendo cuentas y rumiando tristezas y angustias.
Todo esto puede tener su pizca de culpa. Pero, aunque parezca extraño, la alimentación acaba siendo una de las grandes culpables del descalabro. Un estado de pobreza nutricional acarrea la ausencia de elementos y sustancias indispensables gracias a los cuales el organismo se fortalece, y sin los cuales el sistema inmunitario pierde muchas batallas.
De paso es válido mencionar que en los momentos de alta tensión y de mucho estrés, se bajan también las defensas. El cuerpo entonces requiere de una mejor alimentación para contrarrestar los efectos nocivos de la ansiedad y el mismo estrés. En esos momentos, cuando el sistema inmunitario se ha empobrecido, se hace urgente consumir alimentos ricos en varias vitaminas, entre las cuales, primordial, la C.
Pero hablemos de manera más general. Y mencionemos lo que es y hace el sistema inmunitario. Es lo que podríamos calificar como el ejército de nuestro organismo. En el marco de la gran sabiduría de la naturaleza, el cuerpo fue dotado de una completa organización que le permite hacer frente a las agresiones que le llegan del exterior. Dentro de ese complejo, se encuentran componentes de la sangre como son los glóbulos blancos, los neutrófilos y los linfocitos entre los cuales las células T, las células B y las llamadas células naturales asesinas. Todos ellos se conjugan para combatir no solo los virus y las bacterias sino, además, las células tumorales. Un estado de malnutrición y de debilidad de ese ejército es propicio para la aparición de distintos cánceres. En este terreno, son de inmensa utilidad las células naturales asesinas.
La potencia y la cantidad de glóbulos blancos y de linfocitos y neutrófilos se determina mediante un examen de sangre, cuando el médico orden un perfil general.
Es cierto entonces que hay épocas en que necesitamos de mucho refuerzo. Pero, antes de acudir a multivitaminas y otros suplementos, es conveniente comenzar por revisar la dieta.
Varios son los alimentos que pueden debilitar el sistema de defensas. Se incluyen entre ellos una dieta con exceso de grasa, incluida la carne con sus gordos, y el abuso de aceites que, aunque son vegetales y poliinsaturados, son demasiado ricos en Omega 6. Se cuenta entre éstos los aceites de maíz y soya.
En cambio, otros muchos alimentos son fantásticos para elevar las defensas en el organismo. Se habla, por supuesto, de las verduras y las frutas, entre ellos los que aportan betacaroteno, el zinc, el ajo y el yogur. Hasta el vino puede ejercer una influencia benéfica.
Ya conocemos las cualidades inmensas de las verduras y las frutas. Por supuesto, todas ellas tienen puntos comunes pero, además, cada una por su lado aporta elementos específicos. De allí el consejo sabio que dan los nutricionistas de mantener una dieta variada. Son muchas las verduras que se consiguen en el mercado , en vez de comer todos los días las mismas, es preciso tratar de alternarlas. Esto dará la seguridad de estar recibiendo toda la gama posible de nutrientes.
Se insiste una vez más en as bondades del betacaroteno Se consigue en lo que es amarillo y anaranjado: zanahorias, ahuyama, papaya son algunos ejemplos. Otros incluyen los albaricoques y duraznos secos y frescos, la toronja rosada, el melón y el mango. Otras verduras, aún si son verdes, son ricas en betacaroteno: la espinaca, las repollitas de Bruselas, el repollo rizado y liso, las lechugas romana y verde, el brócoli. Incluimos la batata en la lista, aún no siendo verdura.
El ajo es un producto "fuera de concurso". Es tan poderoso que los investigadores no dudan en atribuirle el poder de un antibiótico. Incrementa la potencia de los linfocitos T que, a su vez, producen el interferón y la interleucina, ambos agentes químicos que bloquean las infecciones y el cáncer. Por supuesto, no es con un diente de ajo, consumido ocasionalmente, que se obtienen los beneficios. Es un producto que se debe incluir a diario en la dieta. Crudo o cocinado. O se puede recibir en concentrado vendido en las tiendas naturistas.
En cuanto al zinc, se insiste en que es indispensable para que el sistema inmunitario funcione bien. Actúa sobre los glóbulos blancos fortaleciéndolos. El zinc se hace aún más necesario para los adultos mayores cuando, debido a la edad, la glándula del timo , factor importante en las defensas, comienza a encogerse. El timo secreta timolina, hormona que estimula la producción de células T. En ese caso, y no siendo suficiente el zinc que se obtenga con la alimentación, el médico puede formular un suplemento que contenga el mineral con el cual se podrá contrarrestar la pérdida del timo.
Se recuerda que, entre las principales fuentes de zinc están las ostras crudas o ahumadas, lo mismo que la carne de cangrejo, el hígado de ternera, la carne oscura del pavo y las semillas de ahuyama.
Luego viene el papel del yogur. Este es otro de los alimentos que se debería incluir a diario en la dieta. Se le reconoce el poder de matar las bacterias y, de acuerdo con las últimas investigaciones, también refuerza el sistema de defensas. El yogur estimula la producción de interferón gamma, refuerza el poder de las células asesinas naturales e incrementa la producción de anticuerpos. Este es su gran papel en la lucha contra las células tumorales.
Ahora se presenta el vino. Sobre todo el vino rojo. Que tiene el poder de incrementar la resistencia a ciertos microorganismos. Entre éstos, se encuentran las bacterias salmonela, el estafilococo y la E. Coli, todos ellos presentes en los alimentos en descomposición, como los mariscos y otros frutos de mar averiados o contaminados.
Daniela Violi ©
Me es grato hoy invitarlos a cenar. Una cena entre amigos, con un menú que, espero, será de su agrado.
Para esta ocasión, escogí un menú fácil, con platos de preparación rápida, sin complicaciones y que no requieren de mucho aspaviento ni sabiduría. Una cena que nos permitirá pasar un rato agradable y sentirnos en familia.
El menú es: una tarta de queso como entrada, unos tomates rellenos con carne como plato fuerte, y ponqué de avellanas como postre. Si les parece, podremos complementar la cena con unas copas de vino rojo y, para terminar, una ensalada de frutas.
Comencemos entonces. Y, bon appétit!
Tarta de queso
Para 10 a 12 personas
Ingredientes:
- 200 gramos de mozzarella
- 500 gramos de queso de cabra
- 1 frasco de salsa de tomate para espagueti, ya lista. La puede escoger de tomate, aceitunas y albahaca
- Tomates secos conservados en aceite
- Una aceitunas
- Pasta de hojaldra en paquete de 400 gramos
Se extiende la masa y se lleva al horno durante 10 minutos, después de haberla picado con un tenedor. Una vez fuera del horno, se cubre con la salsa de tomate y con los quesos. La mozzarella cortada en tajadas delgadas y el queso de cabra trabajado con un tenedor para ablandarlo y hacer más fácil su utilización.
Por último, se ponen las aceitunas negras sin su semilla y unos tomates secos.
Horno medio durante 35 minutos o hasta que la masa esté bien cocinada y los quesos derretidos.
Tomates rellenos con carne
Ingredientes:
- 4 tomates grandes maduros
- 50 gramos de miga de pan
- 1/2 vaso de leche
- Unas hojas de perejil
- 1 cebolla
- 1 diente de ajo
- 200 gramos de carne molida
- 1 huevo
- Sal y pimienta
Cortar una primera tajada de cada tomate de manera tal que quede el resto del tomate para rellenar. Con la ayuda de una cuchara y cuidando de no rasgar las paredes del tomate, desocúpelo y guarde el relleno.
Mezcle la leche tibia con el perejil, la cebolla y el ajo picados en pequeño. Mezcle los con la miga de pan con la carne, el huevo, sal y pimienta y algo del jugo extraído del interior de los tomates. Rellene cada tomate con una parte de esta mezcla, póngalos en una bandeja y llévelos al horno durante 30 minutos.
Retírelos, póngales la tapa hecha con la tajada que se cortó y déjelos cocinar 10 minutos adicionales.
Horno 170 grados.
Una sugerencia: puede preparar una salsa de tomate con el relleno que habrá extraído agregándole una o dos cucharadas de concentrado de tomate y licuándolo con un poco de agua. En esa salsa, con la que bañará los tomates, podrá cocinarlos.
Acompañar con un arroz integral.
Ponqué de avellanas
Ingredientes:
- 300 gramos de avellanas molidas fino
- 1 vaso de azúcar
- 7 huevos
- 4 cucharadas de miga de pan
- Vainilla y/o licor
Se mezclan las avellanas molidas con el azúcar y la miga de pan. Luego se agregan uno a uno los huevos y, para finalizar, se pone la vainilla y el licor.
Horno medio durante 45 minutos.
Se puede cubrir con una salsa de chocolate o simplemente con azúcar en polvo.