miércoles, 30 de abril de 2014

Fatiga crónica, acné, colitis y otros más



¡Una vez más! Nos podríamos preguntar hasta dónde llegan los tentáculos de la nutrición... Porque trastornos y situaciones tan diversos como los parásitos intestinales y las cataratas, o los quistes benignos del seno tienen conexiones con la alimentación. Difícil de sospecharlo, verdad?


El acné no es consecuencia de comer chocolate ni mantequilla. Las otitis pueden ser resultado de alergias alimenticias. Los parásitos intestinales, tan frecuentes en el mundo, suelen manifestarse con síntomas propios a un colon irritable...

Estos y otros problemas de salud tienen que ver con la alimentación. Es así, y aquí van algunos ejemplos.

Parásitos al ataque. Es muy fácil contaminarse de distintos parásitos intestinales. Y no solo en países del Tercer Mundo sino en cualquier otro país. Basta de tomar agua contaminada o de olvidar lavarse las manos después de ir al baño y antes de comer para que los bichos malvados entren al intestino, se instalen y proliferen en él.

Entre los parásitos, citamos la giardia  las mismas amebas. Difícil de detectar mediante exámenes de laboratorio pero nunca silenciosas. Con frecuencia, sus manifestaciones se confunden con ataques del colon irritable, y la persona sufre de dolor abdominal, estreñimiento y/o diarrea, náuseas.

Igual que cualquier súperman, el hombre de todas las salvaciones, se presenta acá el ajo. En efecto, investigaciones concluyen que consumir ajo como tal, fresco, o tomarlo en comprimidos ayuda a eliminar los parásitos. Si no todos, por lo menos gran parte de ellos, entre los cuales las giardias. Para las amebas, se cita igualmente la piña, consumida en ayunas por la mañana, durante varios días. Otro remedio candidato a ser antiparásito muy efectivo es el de las semillas de ahuyama.

Un consejo: consuma ajo todos los días y su estómago se convertirá en un ambiente letal para los bichos. Una vez al mes, por lo menos, desayune con piña durante tres días seguidos, y los parásitos que se nieguen a salir de su estómago se verán obligados a despejar sus intestinos.

Acné. La creencia popular dicta que los alimentos grasosos crean ambientes propicios para la aparición del acné. Entre ellos, la mantequilla, la mayonesa y el chocolate. 

Las investigaciones sin embargo lo desmienten. El acné, terror de los adolescentes que, con frecuencia persigue a los adultos jóvenes, es problema hormonal. Y nada tiene que ver con la alimentación. 

Un elemento en cambio sí parece influir y se trata de yodo. Por supuesto, se le encuentra en la sal marina o en aquella sal enriquecida con yodo, medida que algunos gobiernos aplican para combatir el llamado coto. También se le encuentra en las algas marinas y en algunos alimentos de mar como los camarones, ostras y langostas. Alimentos que deberían evitarse.

Quistes del seno. Tan frecuentes en las mujeres de cualquier edad pero, en su mayoría, y por fortuna, benignos. Una relación directa podría existir entre el excesivo consumo de cafeína y la aparición o la proliferación de esos quistes mamarios.

A pesar de que el consenso científico no es unánime, sí existen algunas investigaciones que comprobaron que la presencia de metilxantinas, sustancia química presente en la cafeína, incrementa el riesgo de la formación de las pequeñas masas en los senos. Riesgo incrementado a medida que aumenta el consumo.

Por el contrario, se ha comprobado que el consumo de verduras de la familia de las crucíferas -repollo, brócoli, coliflor, repollitas de Bruselas- protege contra los quistes de seno ya que aceleran el metabolismo y ayudan a despejar la presencia del estrógeno que agrava los quistes.

Cataratas. De varias décadas atrás se confirmó que la exposición a los rayos solares, sin una debida protección, predispone a la aparición de cataratas. Una exposición que se extiende de año en año ya que el efecto nocivo, lejos de mitigarse con los intervalos, se va acumulando hasta degenerar en elemento altamente nocivo tanto para la piel como para los ojos.

La explicación es que éstas, las cataratas, pueden ser el resultado de la oxidación del cristalino Y ya lo vimos que uno de los elementos principales contra esa oxidación está en los antioxidantes. Presentes en grandes cantidades en las frutas y verduras.

De hecho, así se comprobó: las cataratas son mucho más frecuentes en personas mayores que no consumen cantidades suficientes de verduras no de frutas. Los riesgos pueden duplicarse cuando los niveles de vitamina C en la sangre son muy pobres.

Entre los antioxidantes que más contribuyen a proteger los ojos está el glutatión. Y este se encuentra no solo en los cítricos sino también en los espárragos. Aguacate, ajo (una vez más!), brócoli. nueces son otros de los productos que aportan antioxidantes.

Fatiga crónica.  Tantas personas la sufren! Jóvenes y menos jóvenes. Una fatiga sin causa aparente que altera la actividad cotidiana y acaba despertando la depresión. 

Pues también este trastorno se relaciona con la alimentación. Existen alimentos que la impiden así como otros que la promueven. 

Para decirlo con más pertinencia: la alergia a ciertos alimentos puede ocasionar la aparición y permanencia de la fatiga crónica. Los tres alimentos más comúnmente citados como culpables son el trigo, el maíz y la leche.

Se deduce entonces este consejo: la fatiga crónica es bastante difícil de detectar como tal. Pero si usted cree sufrirla, sométase a una prueba para detectar posibles alergias a uno o más alimentos. Es sorprendente la cantidad de productos que desatan reacciones adversas sin que se les sospeche. La prueba puede ser llevada a cabo en el consultorio de un alergólogo o mediante un examen de sangre llamado RAST. 

Sueño, azúcar y miel. Las abuelas lo saben: la miel es muy eficaz para combatir el insomnio. Eso dicen ellas y muchos de nosotros lo habremos comprobado. La miel o algún alimento que contenga almidón como unas galletas dulces. Ambos ayudan.

Pero hay otros alimentos, igualmente tradicionales, e igualmente eficaces. Tal es el caso de la leche tibia. Esta contiene opiáceos naturales, conocidos como casomorfinas, que podrían abrir el campo para una larga noche de sueño tranquilo.

lunes, 28 de abril de 2014

70 y más años



Hay países en donde la familia organiza una gran fiesta cuando uno de sus miembros entra en la séptima década de su vida. Porque, contrariamente a lo que sucede con demasiada frecuencia, para ellos cumplir 70 años ha de ser visto como una conquista, una gran alegría, sin tacharlo de tanto concepto lúgubre, negativo con que la sociedad moderna ha endilgado la vejez.

Por supuesto, para muchos de ustedes queda lejos el camino a recorrer hasta cumplir los 70! Sin embargo, también para ustedes, jóvenes, van estas líneas. Pensamos que la longevidad es un encaje que se va tejiendo a lo largo de la vida. No es obra de pocos días.


Hablemos entonces de las tramas de ese encaje. Están la nutrición, el ejercicio, el trabajo intelectual, la riqueza espiritual. Están igualmente el saber disfrutar y reír, y también el amar -el amor es un gran antídoto contra la decadencia-, está el seguir construyendo momentos, y el mantenerse optimista frente al futuro. Porque ni siquiera a los 70 deja de haber futuro.


Es indudable que, a medida que avanza la edad, crecen los riesgos de enfermar. Cáncer, enfermedades cardíacas y cerebrales, demencias. La sociedad hoy da testimonio de una mayor longevidad de sus ciudadanos. Pero el hecho de que haya mayores riesgos no implica obligatoriedad, y la prevención actúa en favor de más años de vida, con calidad e integridad.


¿Cuál debe ser el peso ideal después de los 70 años?


Sin lugar a dudas es prudente mantener el peso que se ha tenido durante los últimos años, siempre y cuando sea un peso adecuado. No debe ser motivo de preocupación si, con la edad, usted gana unos dos kilos. Sin embargo, si existe sobrepeso, sí es adecuado tratar de perder los kilos que sobran, pero hacerlo en forma paulatina, sin excesos y sin privarse de los alimentos que son más nutritivos.


Alimentarse bien, nutrirse con equilibrio y mesura no es siempre fácil. La vida hoy tiende a relegar al adulto mayor a un rincón. Falta de recursos económicos, dificultades para movilizarse y hacer el mercado, para cocinar, pérdida de la dentadura, soledad y tristeza, algunos de los factores que actúan en contra de una buena nutrición. Sin contar con otros elementos adicionales como son el trastorno del apetito muchas veces ocasionado por medicamentos, y la pérdida de la facultad de saborear la comida.


A pesar de ello, es primordial tener en cuenta:

- La carne y el pescado constituyen las fuentes óptimas de proteínas para asegurar la vitalidad de los músculos y los órganos. Inclúyalos en sus comidas, dos o tres veces al día, le serán provechosos. Si no puede masticar la carne en trozo, adquiérala molida pero baja en grasa. Los productos lácteos son otra fuente rica de proteínas. Le proporcionan además calcio que le ayudará a combatir la osteoporosis.

- Existen otros alimentos a los que debe privilegiar en su dieta: frutas y verduras. Ricos en potasio, fibras, vitamina C, polifenoles, magnesio y ácido graso Omega 3 (frutos secos y nueces). Todos ellos protectores que ayudan a reducir a la mitad el riesgo de infartos y accidentes cerebrales y del mismo cáncer.


- Hay alimentos igualmente imprescindibles como lo son los aceites de oliva y canola, y los pescados grasos. El Omega 3 que aportan es aún más importante después de los 70.


Las proteínas pueden consumirse con el almuerzo y la cena. Gracias a un ciclo permanente de construcción/destrucción, éstas se encuentran en permanente renovación. El proceso, sin embargo se altera con la edad y tiende a primar el ciclo de la destrucción, y es por lo cual se convierten en alimento de tal importancia. Las proteínas del almuerzo son altamente provechosas, lo mismo que las de la tarde. En la cena, van reforzadas gracias al consumo adicional de una fécula o azúcares lentos. No solo le ayudarán a mejor dormir sino que impedirán la destrucción de las proteínas que se acelera en las horas nocturnas.


Con mucha frecuencia, la atracción por los sabores dulces se hace mayor con la edad. A veces es asunto mecánico: es más fácil comer un flan de caramelo que masticar una pechuga de pollo... Para no caer en excesos, conviene seleccionar los postres que le causen placer sin perjudicarlo. Algunos ejemplos son:

- Productos lácteos, flanes, yogur, helados, que le aportarán proteínas  calcio;
- Frutas y compotas;
- Pan endulzado con miel y/o mermelada, galletas, que le darán energías.

Miremos ahora cuáles son los factores de riesgo y qué debe hacerse frente a ellos. Los dividimos en tres grupos:


- Los que no se pueden corregir ni cambiar pero que, gracias a una buena alimentación, se pueden esquivar hacer menos graves:

1) El sexo masculino. 
2) La edad.
3) Los antecedentes familiares. Hay predisposiciones recibidas a través de los genes como la de enfermar de algunos cánceres (seno por ejemplo) y la de tener infartos y diabetes.
4) Los antecedentes personales y la trayectoria de vida, enfermedades contraídas en años anteriores por ejemplo.

- Los riesgos que los médicos pueden tratar y curar o controlar. Entre ellos: la diabetes, la hipertensión arterial, el colesterol alto, el exceso de kilos, un abdomen prominente. Se recuerda que la grasa que se acumula en la parte abdominal es mucho más perjudicial que la que se encuentra en el resto del cuerpo. Es uno de los grandes factores de los accidentes cardíacos.


- Los riesgos modificables de parte suya y que atañen a sus hábitos de vida:

1) Tabaquismo, causa mayor de accidentes cardíacos y cerebrales, de cáncer. 
2) El sedentarismo. La actividad física es un elemento primordial de protección. Mucho más importante que mantener el peso adecuado es tener una rutina de ejercicios diarios. Caminar, subir y bajar escaleras, trabajar en el jardín, hacer labores de aseo en la casa. Actividades que benefician tanto el corazón como el cerebro, ayudan a controlar el peso y, a la vez, a fortalecer músculos y huesos.
3) El estrés. Es conveniente adoptar actividades que produzcan placer y descanso, que lleven al cerebro a ejercitarse, y que lo mantengan al tanto de la vida y del mundo moderno.
4) El sobrepeso, riesgo no despreciable tampoco.

viernes, 25 de abril de 2014

Antioxidantes: policías al rescate



¿Se le ha ocurrido alguna vez pensar que la humilde albahaca o la mejorana, la nuez moscada y el comino, las pimientas y la cúrcuma tienen el poder de proteger sus células? ¿De impedir que sean destruidas por los radicales libres? ¿De protegerlas contra la oxidación?

La verdad, lo confieso, nunca había pensado en ello. Porque los he visto siempre como condimentos sabrosos pero inocuos. Mas de aquí en adelante, los alimentos que prepararé irán llenos de éstas y otras especias protectoras.

Porque ellas, junto con una lista larga de alimentos, son antioxidantes. Unas sustancias que se integran en una familia enorme de guerreros químicos que combaten las moléculas nefastas de oxígeno que andan en busca de las células para dañarlas. Para oxidarlas. Como lo dice Jean Carper en su libro "Los Alimentos: Medicina Milagrosa", los antioxidantes son una fuerza de policía para el organismo. "Se cree que ellos ayudan a impedir prácticamente todas las enfermedades crónicas". Entre las cuales, la enfermedad cardíaca, el cáncer, la bronquitis, las cataratas, la enfermedad de Parkinson. Son además factores imprescindibles para evitar el envejecimiento prematuro y de la degeneración de las células. Su deficiencia expone a quien la padece a sufrir de enfermedades acarreadas por el humo del cigarrillo, agentes químicos industriales y contaminantes ambientales.

¿Adónde encontramos estos antioxidantes? En muchísimos productos que nos vienen de la naturaleza y la agricultura tales como frutas y verduras. También en los productos que provienen del mar y de la tierra, y en algunas carnes. Vitaminas y minerales actúan como antioxidantes lo mismo que muchas enzimas y otros compuestos químicos que cumplen diversas funciones bioquímicas.

Dos son los alimentos que llevan la corona de la primacía por ser óptimos antioxidantes: el ajo y la cebolla. Luego viene una lista de otros alimentos que enumeramos a continuación: Aguacate, ají, auyama y albahaca, avena, batata, bayas, brócoli, clavos, repollo liso y rizado, repollitas de Bruselas, espárragos, espinaca, hierbabuena, jengibre, lechuga verde oscura, maní, mejorana, menta, naranja, nueces del Brasil, nuez moscada, pescado, pimientas, regaliz, salvia, sandía o patilla, semillas de ajonjolí, tomate, zanahoria.

Veamos ahora algunos de los antioxidantes primordiales de los alimentos.

Betacaroteno. Muchas veces hemos hablado de él asociándolo además con la vitamina A. Es la sustancia responsable del color amarillo de algunas frutas y verduras. Ha demostrado estar asociado con la prevención de los infartos cardíacos, de los accidentes cerebrovasculares y del cáncer, en especial el pulmonar. Fortalece las defensas del organismo o sistema inmunitario y elimina los radicales libres. Se ha observado que enfermos de cáncer suelen tener bajos los niveles de betacaroteno en la sangre. La deficiencia puede explicarse por un consumo pobre o nulo de alimentos que lo contienen.

Las principales fuentes son: verduras de color anaranjado intenso y de hojas verdes oscuras. La batata, la zanahoria, los albaricoques secos, el repollo rizado y liso, la espinaca y el auyama son las fuentes más ricas. En menores cantidades se encuentra en el mando y la toronja rosada, el brócoli y la lechuga. Cuanto más oscuro son los colores anaranjado y verde, mayor cantidad de betacaroteno contienen. La clorofila de las verduras verdes esconde el color anaranjado subyacente.

El betacaroteno no se destruye con la cocción.

Glutatión. Previene la oxidación de las grasas (peroxidación)  actúa como enzima para desactivar los radicales libres. Desintoxica el organismo causado por contaminantes ambientales y químicos industriales.

Principales fuentes: Aguacate, espárrago y patilla o sandía son los más ricos en glutatión. Otros alimentos son: la toronja y la naranja, las fresas y los duraznos frescos, el quimbombó, la papa blanca, la calabaza, el coliflor, el brócoli y el tomate crudo.

Los alimentos enlatados y procesados tienen apenas una octava parte del glutatión que tenían estando crudos o congelados. La cocción, triturado y licuefacción destruyen gran parte de la sustancia.

Indoles. Fueron uno de los primeros compuestos contra el cáncer descubiertos en los alimentos. En animales de laboratorio, han demostrado bloquear con mucho éxito la toxicidad de los agentes cancerígenos. En los humanos, es grande la posibilidad de que ayuden a prevenir el cáncer de colon y seno.

Fuentes principales: Alimentos de la familia de las crucíferas a la que pertenecen entre otros el colinabo y el nabo, el rábano picante y sencillo, el repollo, el brócoli, las repollitas de Bruselas, el coliflor, la mostaza y los berros.

Cocinadas, las crucíferas pierden cerca de la mitad de los índoles.

Licopeno. Se ha observado la deficiencia de licopeno en los pacientes con cáncer de páncreas, de vejiga y de recto. Este antioxidante gana cada vez más renombre como agente anticanceroso y hay quienes piensan que el licopeno es más poderoso que el betacaroteno.

Fuentes principales: el tomate es la fuente más poderosa de licopeno. Cualquiera que sea su preparación, crudo o cocinado, concentrado o en jugo, la verdura no pierde su riqueza en licopeno. Le sigue la patilla. En pequeñas cantidades se encuentra en los albaricoques. El licopeno les da el color rojo al tomate y a la patilla.

Quercetina. Es quizá la causa del poder inmenso que tiene la cebolla como protectora de la salud. Este antioxidante se encuentra en altas concentraciones en frutas y verduras. Entre sus beneficios se encuentran el poder de inhibir las enzimas que fomentan el crecimiento de los tumores. Es igualmente antiinflamatoria, antibacteriana, antimicótica y antiviral. Trabaja a través del sistema inmunitario para amortiguar las respuestas alérgicas. Es igualmente antitrombótica, impide la formación de trombos o coágulos en la sangre. Ha demostrado evitar el daño en las arterias provocado por los radicales de oxígeno libres y el colesterol malo LDL oxidado. 

Fuentes principales: cebolla roja y amarilla mas no blanca, chalotes, uvas rojas (no blancas), brócoli, calabaza amarilla italiana. El ajo no contiene quercetina.

No se destruye ni con la cocción ni con el frío del congelador.

Coenzima Q 10. Poco conocido, es uno de os más poderosos para eliminar el colesterol malo LDL. Se le encuentra en los pescados grasosos lo que explicaría la razón por la cual éstos protegen el corazón.

Principales fuentes: Sardinas, caballa, salmón, maní, pistachos, fríjoles de soya, nueces del nogal, semillas de ajonjolí, algunas carnes.

Vitamina C. Antioxidante de amplio poder Parece proteger contra el asma, la bronquitis, las cataratas, las arritmias cardíacas, la angina de pecho, la infecundidad masculina, los defectos congénitos transmitidos por los hombres y los cánceres de todo tipo. Muchos investigadores creen que la vitamina C frena la oxidación del colesterol LDL lo que lleva a impedir el taponamiento de las arterias y, en consecuencia, la enfermedad cardio y cerebrovascular.

Principales fuentes: Pimentones dulces rojos y verdes, brócoli, repollitas de Bruselas, coliflor, fresas, guayaba, kiwi, cítricos, espinaca, repollo. 

La cocción destruye cerca de la mitad de la vitamina C. Se recomienda preparar los alimentos asados en el horno o cocinados en el microondas.

Vitamina E. Es presentada como uno de los principales protectores del corazón y las arterias Como lo expresa un investigador, la vitamina E actúa como un pequeño extintor contra incendios: protege las  moléculas de grasa o lípidas contra el daño oxidativo promotor de enfermedades. s un enemigo acérrimo de las reacciones en cadena de los radicales libres, las cuales desgarran la células oxidando sus membranas.

Fuentes principales: aceites vegetales, almendras, fríjoles de soya, semillas de girasol.

miércoles, 23 de abril de 2014

Menopausia: un nuevo ciclo



A los hombres les llega la andropausia. Suele ocurrir pasada la sexta década de la vida. Mas poco se habla de ella por cuanto no conlleva síntomas tan específicos como la menopausia de las mujeres, ni tiene efectos secundario muy marcados. Y porque nos hemos acostumbrado a hablar de lo que les ocurre a ellas, tema que ha sido material de mucha literatura y no pocas bromas (de mal gusto y pesadas).

La menopausia. No es una enfermedad sino una etapa más de la vida. Algunos hombres tergiversan su significado y la mal interpretan sin ver en ella un desarrollo normal en el curso de la vida. En cuanto a las mismas mujeres, le temen y entrar en ella las deprime. Porque, para ellas, significa la terminación de la edad de la reproducción lo que, para no pocas, equivale casi a una pérdida de su identidad, de su atractivo como mujer y de su papel en el seno de la familia y la comunidad. Es como si se fueran a convertir en entes anónimos que ya nada tienen que hacer en la vida.

Quizá estos conceptos pudieron ser válidos a comienzos del siglo XX. Mas hoy, cuando la mujer ha ganado en importancia, cuando son muchos más los años de vida previstos, cuando ha conquistado su puesto como miembro activo de la sociedad y el mundo profesional y laboral, son conceptos totalmente desfasados. Es cierto que la menopausia acarrea riesgos, que exige un enfoque distinto en el cuidado de la salud. Pero es igualmente cierto que se le puede ver como una liberación, el comienzo de un ciclo en el que puede disfrutar a plenitud de su sexualidad y en donde es mujer cabal, atractiva y destacada.

La menopausia comienza cuando la mujer deja de producir estrógenos, lo que generalmente ocurre entre los 45 y 50 años. Entra en lo que se denomina como el climaterio. Se presentan entonces efectos secundarios inmediatos como oleadas de calor, resequedad de la piel, trastornos en el sueño, dolor de cabeza, cambios en los estados de ánimo como ansiedad y depresión. La mujer tiende a ganar peso, siendo la normal un aumento de entre dos y tres kilos. Peso que, para la mayoría de las mujeres, será difícil de perder. A mediano plazo, la ausencia de estrógenos puede conducir a problemas vasculares, trastornos cardíacos y osteoporosis.

Muchos son los pasos que pueden darse cuando se entra al climaterio. Pero antes de mencionarlos, vale insistir en que la prevención de todos los riesgos comienza a fraguarse durante los primeros años de vida y a lo largo de la adolescencia y la adultez. 

Ahora bien, cada mujer es un caso aislado que debe tratarse como tal. Sin embargo, existen pautas generales gracias a las cuales cursar por el climaterio se hace con menos obstáculos, dificultades y riesgos, mirando hacia el futuro con  tranquilidad y optimismo.

A nivel médico, se presentan las terapias de remplazo hormonal (TRH), las que ayudan a paliar la ausencia de estrógenos y sus consecuencias. Numerosos son los medicamentos en el mercado pero éstos solo deben ser tomados bajo prescripción y vigilancia médica. No todas las mujeres son aptas para recibirlos y no todos los medicamentos son convenientes para todas las mujeres. Si bien son convenientes para gran número de mujeres, se ha establecido que las TRH no protegen contra los accidentes cardiovasculares como se había anunciado años atrás, aunque sí proporcionan alguna protección contra la osteoporosis. Vale mencionar igualmente que existen también las terapias de hormonas vegetales.

Además de las hormonas, y esto es válido para todas las mujeres, es recomendable tomar complejos de vitaminas y minerales. De manera especial se insiste en el calcio y la vitamina D y en el hierro y el complejo B.

Hablamos de una nueva disciplina de vida. Y agregamos el establecimiento de nuevos hábitos alimenticios. Veamos de qué se trata.

La disciplina de vida tiene como eje principal el establecimiento de una rutina de ejercicios. Por varias razones:

1) Para alejar el riesgo de la pérdida de calcio. Casi todos los ejercicios ayudan a fortalecer los huesos. El único requisito es que sean ejercicios de "aguante", es decir, que obliguen al cuerpo a sostener su propio peso. En este aspecto, el ideal es la marcha. la natación en cambio, benéfica en muchos otros aspectos, no ayuda por cuanto el cuerpo no se aguanta sin que parece flotar.
2) Junto con la alimentación, los ejercicios ayudan a impedir el aumento descontrolado del peso. Si bien es normal ganar dos o tres kilos, no es aconsejable engordar muchos otros más. Al contrario, con el sobrepeso se presentan otros inconvenientes como los problemas en las articulaciones, el incremento del colesterol y los triglicéridos, riesgos mayores de accidentes cardiovasculares, riesgos igualmente de cáncer.
3) Mantenerse activa y ágil contribuye a alejar el fantasma de la depresión y la ansiedad. Ayuda a combatir el estrés, los trastornos del sueño y contribuye a que el cerebro funcione a plenitud y muy bien oxigenado.
4) Se incluyen igualmente otros consejos que, aunque aparentan frivolidad, son fundamentales. El cuidado más esmerado del cabello y la piel, la selección de vestidos y pantalones que le hagan una silueta atractiva sin caer en la penosa costumbre que atropella a algunas de querer aparentar como quinceañeras... 

Y viene la alimentación.

- Muchos alimentos que aporten calcio. Entre éstos, por supuesto, los productos lácteos. Junto con la adolescencia y el embarazo, el climaterio es época en que debe consumirse mayor cantidad de leche o de sus derivados. Contribuyen a proteger los huesos, a evitar una mayor descalcificación, y a prevenir las fracturas. De todos modos, con la menopausia se presenta la pérdida paulatina de calcio en los huesos. Sin embargo, consumir alimentos ricos en el mineral y tomarlo en suplemento es una protección adicional.

- Muchas verduras y frutas. Portadoras de antioxidantes, de vitaminas y de fibras. Para una dieta llamada a peder peso, son ideales. Es imprescindible variarlas para recibir así todos los nutrientes que aportan.

- Leguminosas que actúan como proteínas cuando se les combina con un cereal. Son azúcares de lenta absorción y son ricas en minerales. Se mencionan especialmente los fríjoles de soya que aportan boro, mineral que ha demostrado ser benéfico para remplazar los estrógenos.

- Cereales integrales. Carbohidratos ideales para consumir con las comidas o entre éstas. Se recomiendan igualmente los retoños de los cereales germinados, protectores contra varios cánceres.

- Pescado. Como proteína más recomendada que la carne roja o el pollo. Se recuerda que los pescados grasosos aportan Omega 3, grasa no saturada que protege el corazón y las arterias.

- Aceites vegetales. Evitar las grasas saturadas, de origen animal, y remplazarlas por los aceites vegetales. De manera especial se citan el aceite de oliva y el de canola.

- Nueces y frutas pasas. Todas contienen boro, el mismo mineral que aportan los fríjoles de soya y que benefician a la mujeres en el climaterio. Almendras, maní y avellanas son recomendadas lo mismo que las uvas pasas, los dátiles y los duraznos secos. Entre las frutas se citan la manzana y la pera así como la uva.

lunes, 21 de abril de 2014

Dolores menstruales y dieta



Como es de suponer, el tema interesa a las mujeres aunque no únicamente a ellas. Porque los hombres también se ven enfrentados a situaciones complejas, desconcertantes, cuando sus mujeres, amigas, novias, compañeras se encuentran con la menstruación y sufren del Síndrome Premenstrual (SPM). Y ellos no saben cómo ayudarlas ni qué hacer para aliviarlas. Porque los dolores son a veces tan fuertes que ni siquiera soportan que las consientan!

Cuando no existen causas físicas que provoquen los dolores, evitarlos o impedir que se presenten no es asunto fácil. Toda mujer, claro está, podría sufrir del SPM, sin embargo un número de ellas se ven beneficiadas por menstruaciones tranquilas, sin problemas ni dolores, puntuales y por tiempos limitados.

Caso bien distinto les sucede a las restantes. En un alto porcentaje, las causas del dolor no son específicas ni determinadas, y ellas pueden vivir muchos años obsesionadas y temerosas de la llegada de la fecha, sin encontrar ni solución ni cura. De allí se deduce que pasan momentos muy difíciles. Con dolores y malestares durante los días previos a la menstruación, en los días del sangrado y en los días posteriores. Con el dolor, que suele ser de gran intensidad, se pueden presentar náuseas y vómito, dolor de cabeza y espalda, calambres y rigidez muscular. Más otras manifestaciones como alteraciones en el estado de ánimo, ansiedad y depresión, irritabilidad y llanto. Hasta el desempeño laboral o académico puede afectarse.

Existen medicamentos que ayudan a mitigar el dolor y apaciguar los malestares. Existen igualmente consejos de abuelas que proporcionan alivios momentáneos. Pero lo que han venido confirmando las investigaciones es que la alimentación juega un papel importante con beneficios que pueden ser más duraderos que un alivio temporal. Se podría lograr una remisión a largo plazo si se asumen nuevos hábitos en la dieta, en los que se incluyan alimentos específicos, ricos en minerales y otras sustancias, que incluyan grasas y carbohidratos, dulces y chocolate.

Claro está que el beneficio puede no ser para todas las mujeres. Algunas pueden encontrar alivio más no remisión del SPM. Pero vale la pena ensayar. Como se dice, "no se pierde nada".

Empecemos entonces con el calcio. Se ha establecido que un vaso adicional de leche descremada al día o una taza de repollo rizado podría ayudar a curar y prevenir los cambios de ánimo y el dolor físico durante los días previos y en el curso de la menstruación. El gran protagonista de tal beneficio es el calcio. En el curso de las investigaciones, se recalcaron los cambios positivos en el estado de ánimo y la disminución del dolor. Pero no hubo variaciones en los malestares adicionales como los calambres y la rigidez muscular o los dolores de cabeza y espalda. Estos siguieron presentándose.

Alimentos ricos en calcio, además de la leche y la col rizada, son, entre otros: quesos sobre todo ricotta, parmesano y gruyere, salmón y sardinas enlatados con sus espinas, yogur sin grasa, higos secos.

Otras investigaciones se interesaron no solo en el SPM sino en la abundancia del flujo menstrual. Con la conclusión de que el sangrado abundante podría deberse a la falta de manganeso. Un flujo abundante causa siempre deficiencias en las mujeres: las puede conducir a una anemia por la pérdida de hierro, cobre, zinc y manganeso.

Para suplir la falta de este último mineral, se aconseja entonces comer frutas (la piña es especialmente rica en manganeso), verduras y cereales integrales, nueces y semillas. El té ofrece un alto contenido en manganeso.

Colesterol y grasas aseguran la función reproductiva y la misma menstruación. Dietas muy pobres o totalmente carentes de grasas llevan a desórdenes serios en la reproducción y el sangrado. Esas mismas dietas pueden conducir también a la esterilidad y a la vez abonar el terreno para una futura osteoporosis.

La explicación es básica: la hormona femenina o estrógeno, que es la que regula la menstruación, se deriva en gran parte de la grasa y del colesterol. Este caso es el único en donde se puede hablar de un cierto beneficio dado por el colesterol malo o LDL: a partir de éste se sintetiza la hormona. Porque ha de saberse que los estrógenos no son producidos únicamente por los ovarios. Los tejidos adiposos colaboran en gran medida en la producción. 

Llegamos ahora a los carbohidratos y su papel en el SPM y en la misma menstruación.  De manera intuitiva, muchas mujeres que sufren del Síndrome acuden a los dulces y chocolates cuando se les acerca la fecha de la menstruación. Así mismo en su dieta abundan carbohidratos como papa, pan, pasta, avena o arroz. 

Algunos investigadores han concluido que los carbohidratos podrían ser un medio para prevenir los síntomas del SPM. En los estudios, se observó de manera especial que los cambios principales se presentaron en relación con los estados de ánimo. Después de consumirlos, parecían haberse desvanecido la irritabilidad y el mal humor lo mismo que la confusión y la fatiga. Y esto los llevó a concluir que las mujeres deben escuchar sus antojos cuando éstos hablan del consumo de carbohidratos.

Pero los estudios fueron más allá: médicos británicos diseñaron una dieta para mujeres con SPM en la que las invitaron a consumir un carbohidrato -pequeña porción- cada tres horas. O, si les era más cómodo, a que hicieran seis comidas al día, cada una de éstas incluyendo el carbohidrato. 

La explicación dada por los británicos tiene que ver con los niveles de azúcar en la sangre. Explicaron que, cuando pasa mucho tiempo entre una comida y otra, se producen ascensos y descensos en el nivel de azúcar y se libera adrenalina. Esta impide utilizar plenamente una segunda hormona femenina, la progesterona. El consumo de carbohidratos, que se convierten en azúcares, ayuda a mantener niveles estables de la glucosa e impiden la acción de la adrenalina.

Un último punto que relaciona el SPM con la dieta es el consumo de cafeína. Incluida esta en el café, té, chocolate y bebidas gaseosas. El consejo dicta que quien sufre del Síndrome con manifestaciones agudas debería suspender, durante por lo menos dos meses, el consumo de toda bebida que contenga la sustancia. 

En efecto, la cafeína podría estar implicada en la aparición del Síndrome y, a mayor consumo, más compromiso y perjuicio. 

Para numerosas mujeres, esta podría ser una solución de inmenso alivio. Lo comprobarán al cabo de los dos meses. 

A cambio del café o del té, si cree que le hacen daño, podría acudir a una vieja receta -de abuela-: cuando sienta mucho dolor y que pueda hacerlo sin que la náusea se lo impida, tome una taza de aromática bien caliente en la que, junto con la hierba de su preferencia, haya puesto a hervir un bastón pequeño de canela. Decían las abuelas que los dolores y demás malestares provenían de "un frío n el estómago" y nada mejor para calentarlo que la canela!

viernes, 18 de abril de 2014

Y los cálculos renales



En alguna oportunidad, un amigo comentaba que solo quien hubiera sufrido de cálculos renales podía calibrar lo que significaba el dolor de un parto. Porque ambos dolores, el de los cálculos renales y el del alumbramiento, se equiparan en intensidad. Y este amigo, consuetudinario formador de piedras en sus riñones, parecía hablar con la certeza de quien ha sufrido varias veces la dolorosa experiencia.

Lo cual puede ser cierto.

Cálculos en la vesícula biliar y cálculos en los riñones: algunas similitudes, bastantes diferencias. Ambos cursan silenciosos, sin dar síntomas hasta convertirse en un a alarma llena de dolor y de urgencia. Ambos comienzan con el tamaño de un grano de arena. Ambos tienen componentes hereditarios. Pero mientras los primeros provienen de la saturación de la bilis dada por el colesterol, los segundos son el resultado de la acumulación de calcio y oxalatos en la orina. Mientras los primeros se presentan más en las mujeres, los segundos prefieren a los hombres. Y mientras los primeros exigen la extracción de la vesícula, los segundos permiten la conservación del riñón. A menos que, en casos extremos, hayan invadido tantísimo el tejido renal que lo hayan deteriorado, llevando entonces a soluciones más radicales.

Los cálculos suelen formarse en el interior de los riñones pero, por distintas razones, pueden movilizarse hasta el uréter o la uretra y bloquear la salida de la orina. Mientras se encuentran quietos, sedentarios en su rincón, no se manifiestan ni crean problemas. Es más, en muchas ocasiones se evacúan solos sin la intervención de un médico. Pero ¡ay de lo que ocurre cuando comienzan a deambular! Y que llegan a obstruir el paso de la orina. Los síntomas no solo incluyen un dolor muy intenso sino que éste va acompañado de náuseas y vómito, fiebre y escalofrío, sangre en la orina, irritación de la vejiga e hinchazón abdominal. Por supuesto, es cuando la persona debe acudir de urgencia a un centro hospitalario.

Existen dos alternativas para el tratamiento, designadas según el criterio del urólogo y las circunstancias y características de los cálculos: la cirugía y la litotricia. Esta última consiste en enviar rayos -ultrasonido- al riñón para pulverizar los cálculos. Es un procedimiento ambulatorio, con anestesia local, y la persona recupera al día siguiente su actividad cotidiana.

Cómo y por qué se forman los cálculos es otro tema. Cualquier persona adulta puede sufrirlos sin embargo existen predisposiciones y factores de riesgo. Entre éstos, se citan:

- Hombres de 40 años y más. Ellos son tres veces más propensos que las mujeres a sufrir de cálculos renales.
- Enfermos de gota, con altos niveles de ácido úrico o con sobreabsorción de calcio. Esto se detecta mediante análisis de la sangre y la orina.
- Antecedentes familiares.
- Consumidores de alcohol.
- Enfermos que han guardado la cama durante mucho tiempo.

Sin embargo, el factor más importante es la misma composición de la orina. El exceso en ésta de calcio y de oxalatos crea un terreno propicio para la aparición de las piedras. Es en este terreno en el que interviene la alimentación. En efecto, existen alimentos ricos tanto en calcio como en oxalatos, sustancias éstas que se disuelven en la orina y pasan por los riñones. Cuando la orina se encuentra demasiado saturada, los oxalatos de calcio se separan para formar masas pequeñas que, con el tiempo, se endurecen y se convierten en cálculos. Los oxalatos de calcio, o cristales, son culpables del 80 por ciento de los cálculos que se detectan en el mundo occidental.

Existe una medida de prevención altamente recomendada y es el consumo abundante de líquidos, sobre todo de agua. Se habla de nuevo en la necesidad de tomar dos litros diarios de agua. Pero, para los formadores de calcio, la medida debería duplicarse: dos vasos de agua u otro líquido similar cada dos horas. Los líquidos parecen disolver los cristales e impedir que se convierten en piedras.

Señalemos ahora a los principales culpables relacionados con la dieta.

- La proteína animal. En especial, la carne roja aunque también influyen el pollo y los productos de mar. El consumo alto de proteína animal triplica los riesgos. Procure no comer carne todos los días y cuando lo haga, no se exceda de 180 gramos diarios. La proteína animal eleva en la orina el nivel de las materias primas de los cálculos: calcio, oxalatos y ácido úrico.

- El alcohol, cuyo consumo debe limitarse. Se ha confirmado que las bebidas alcohólicas tienden a elevar los niveles de ácido úrico y calcio en la orina. La cerveza, en especial la de barril, contiene oxalatos.

- Refrescos y otras bebidas muy dulces, y jugos de frutas cítricas. Ambos tienen contenido alto en oxalatos.

- El exceso de sal. En este sentido, debe tenerse cuidado con los enlatados, jamones, salchichas y otras carnes similares, alimentos preparados que se venden frescos o congelados, productos de paquete como papas fritas.

- Cacao y chocolate caliente, bebidas muy altas en oxalatos.

Existe el temor de que los suplementos de vitaminas y minerales pueden predisponer a la formación de cálculos renales, de manera especial en las personas que les son propensas. En consecuencia, si sufre o tiene riesgo de sufrir de cálculos, solicite la opinión del médico antes de tomar vitamina C, Calcio y vitamina D.

No olvidemos mencionar las verduras y frutas que pueden participar en la formación de las piedras en los riñones. Contradictoriamente, los oxalatos citados como las sustancias benéficas por excelencia, son los malvados componentes de verduras y frutas cuando se habla del riesgo de los cálculos. 

Aquí va la lista de los principales culpables, cuyo consumo debe ser limitado o evitado por las personas en riesgo:

- Verduras: Acelgas, endibias, espárragos, espinacas, habichuelas o judías verdes, perejil, remolacha, hojas de remolacha, tomates, verdolaga. Acelgas y remolacha son las que más contienen oxalatos.

- Frutas: Arándanos, ciruelas, fresas, grosellas, higos, piel de limón, moras, naranjas y uvas.

Se incluyen, adicionalmente, las almendras, las semillas de amapola, la papa dulce, batata o boniato, y la pimienta.

miércoles, 16 de abril de 2014

Bilis y cálculos



Su vesícula biliar le agradecerá si se desayuna todos los días. Si no ayuna ni pasa más de catorce horas sin probar bocado. Si no se precipita en una dieta draconiana para adelgazar cinco kilos en una semana... Y si evita los alimentos pobres en fibras y ricos en azúcares.

Sí, su vesícula se lo agradecerá porque entonces tendrá muchos menos riesgos de llenarse de cálculos. Porque las tres situaciones arriba descritas son ideales para la formación de esas piedras, que pueden ser semejantes a un grano de arena o tan grandes, y quizás más que una nuez de nogal entera. Piedritas capaces de pasar desapercibidas durante muchos años pero que, de pronto, en cualquier momento y sin preaviso, pueden atascarse y conducirlo, de urgencia, a un quirófano.

Así son los cálculos biliares. Silenciosos pero rencorosos: no le perdonan al mundo occidental sus hábitos alimenticios, tampoco les perdonan a los obesos su exceso de kilos, ni a quienes se explayan a comer carnes grasosas mientras se olvidan que existen las verduras y el aceite de oliva.

A pesar de que trabaja en permanencia, la vesícula biliar rara vez se manifiesta. Es más, usualmente nos olvidamos que existe y no la recordamos ni siquiera para agradecerle que, gracias a ella, digerimos lo que comemos. En efecto, esa pequeña bolsa, ubicada debajo del hígado, se mantiene llena de bilis que expulsa hacia el hígado y el intestino delgado para ayudar a la digestión. En circunstancias determinadas, la bilis se satura de colesterol y se cristaliza dando lugar a la formación de pequeñas bolas, tan duras como piedras. Los cálculos.

En un alto porcentaje, esos cálculos pasan inadvertidos y no causan daño. Esto ocurre mientras las piedritas se mantienen quieta en el interior de la vesícula. Sin embargo, esto no siempre sucede: una de las bolitas puede decidir movilizarse y querer escapar cuando la vesícula se contrae para expulsar la bilis. Si la piedrita es pequeña, puede pasar sin problema. Pero si es grande -puede llegar a tener dos centímetros y medio de diámetro!- puede atascarse en el orificio destinado a la salida de la bilis. Es cuando se produce el dolor. Un dolor tan intenso, de pocos minutos y hasta más de una hora, acompañado de náuseas y de vómito. A ese momento, la vesícula puede inflamarse y es cuando se presenta la emergencia. El cálculo y la vesícula habrán de extraerse.

Los cálculos biliares no suelen presentarse en personas jóvenes. Llegan con la edad y afectan más a las mujeres que a los hombres. Suelen ser un mal de familia. En ese sentido, existe una propensión genética a sufrirlos. Pero no caben dudas de que la alimentación es un factor clave tanto para la prevención como para su aparición.

Este es el punto principal: fibras, hortalizas, leguminosas, aceite de oliva. Una alimentación rica en fibras ayuda a prevenir los cálculos biliares. Diversos estudios adelantados en varios países concluyen que los vegetarianos tienen menos probabilidades de sufrir de cálculos biliares que las personas que comen carne. Además de las hortalizas, se citan otros alimentos protectores entre los cuales están incluidas las nueces, fríjoles y lentejas, arvejas o guisantes, soya, habas y naranjas. Estos alimentos no solo previenen la formación de las piedras sino que protegen contra los ataques biliares.

Con las leguminosas y las mismas hortalizas hablamos de proteínas vegetales. Quizá son ellas las que proporcionan el beneficio mediante la reducción de la saturación del colesterol en la bilis. 

El riesgo en cambio se acrecienta cuando la dieta es rica en azúcares, de manera especial los de rápida absorción. El azúcar blanco como tal, las harinas y cereales refinados aumentan el contenido de colesterol en la bilis y ésta, saturada, lleva a la formación de cálculos.

El café es otro de los productos que se recomienda evitar por cuanto, consumido sin azúcar y sin leche, con o sin cafeína, estimula las contracciones de la vesícula y con ello puede provocar los ataques biliares. Y no se necesitan grandes cantidades: media taza de café, con o sin cafeína, basta para estimular las contracciones vesiculares.

En cambio una copa de alcohol, sea éste vino, whisky o cerveza podría reducir la incidencia de cálculos. Una mayor cantidad no demostró ser eficiente ni ofrecer una protección adicional.

Y llegamos al punto de los kilos de más y de menos. Ambos extremos perjudican cuando de cálculos biliares hablamos. Citemos a las mujeres ya que se presentan con mayor incidencia en ellas que en los hombres. Para ellas, un exceso de peso representa un riesgo sobre todo cuando son mujeres de edad madura. En un estudio adelantado en la universidad de Harvard se observó que mujeres obesas presentaron una propensión seis veces mayor a sufrir de cálculos biliares que las mujeres de peso normal. Con sobrepeso de tan solo cinco kilos, la propensión se duplicó.La propensión aumenta cuando el nivel de triglicéridos es alto y bajo el nivel del colesterol bueno (HDL).

Frente a ello, se encuentran las personas que pierden varios kilos en muy poco tiempo. Se cita de manera especial el caso de personas que adoptan una dieta baja en calorías y completamente exenta de cualquier grasa. El 50 por ciento de las personas sometidas a esas dietas pueden desarrollar cálculos biliares. Cuando mayor sea el peso perdido y mayor la rapidez para perderlo, mayor es el peligro. El riesgo no desaparece cuando vuelven a comer normalmente.

Para evitarlo, la primera recomendación es la de agregar un poco de grasa a la dieta. Con dos cucharas pequeñas de aceite de oliva al día se obtiene una protección contra los cálculos biliares. Esa cantidad mínima estimula la vesícula a que se contraiga y expulse la bilis por lo menos una vez al día, evitando que ésta se acumule y lleve a la formación de los cálculos.

En adelante, pensemos un poco más en la vesícula biliar. También ella requiere de nuestra atención. Recordemos que, ante el descuido y el olvido, puede ser rencorosa. Por ello, si la queremos mantener contenta, démosle fibras con muchas verduras, frutas, leguminosas y cereales integrales. Y de vez en cuando, un tilín de alcohol y muy poca grasa animal.

lunes, 14 de abril de 2014

Alimentos vs. enfermedades (y 3)



Llenaríamos libros hasta conformar una enciclopedia si nos pusiéramos a citar todos los alimentos a nuestra disposición, sus ventajas y bondades.

Acá, con esta tercera entrega, completamos los que pensamos son los de más habitual consumo. Aún así, quedan muchos omisos. Intentaremos llenar los vacíos en oportunidades futuras.


Papa. Existen numerosas variedades de papas alimento rico en almidón que, consumido junto con una proteína vegetal (leguminosa) permite elevar el valor nutricional de ésta para llegar a ser considerada como proteína casi tan completa como la carne. La papa blanca es rica en potasio por lo que ayuda a prevenir la hipertensión arterial y los accidentes cerebrovasculares. Tiene ligera actividad estrogénica. Es un alimento recomendado para personas que quieren reducir de peso por cuanto no aporta grandes cantidades de calorías y, considerada como azúcar de lenta absorción, garantiza una sensación de llenura durante varias horas. Por supuesto, se habla de la papa cocinada o asada al horno. Frita tiene cinco veces más calorías que asada. Se recomienda comerla con la cáscara que es la que aporta la mayor cantidad de vitamina C.


Perejil. Verdura de apariencia humilde pero altamente benéfica. Debido a su alto concentrado en antioxidantes puede ayudar a prevenir el cáncer. Tiene actividad diurética.


Pescado o aceite de pescado. Interviene en el proceso de la enfermedad cardíaca. Dos porciones a la semana ayudan a prevenir la muerte súbita por infarto. Se ha demostrado que una onza diaria disminuye el riesgo de accidentes cardíacos en un 50 por ciento. El aceite de pescado puede aliviar los síntomas de la artritis reumatoidea, la osteoartritis, y posiblemente la esclerosis múltiple. Ayuda igualmente a aliviar el asma, la psoriasis, la hipertensión arterial y la colitis ulcerativa. Eleva el colesterol bueno y disminuye radicalmente los triglicéridos. Algunos pescados son ricos en antioxidantes como el selenio y la coenzima Q 10. Los pescados grasos ofrecen la mayor protección para el corazón, el cerebro y en la prevención del cáncer. Quienes sufren de cálculos renales deben cuidar de las sardinas, ricas en oxalatos y por consiguiente posibles causantes de problemas renales.


Pimiento. Rico en vitamina C antioxidante. Es un excelente alimento para combatir la gripa, el asma, la bronquitis, las infecciones cataratas. Puede ayudar para prevenir las cataratas y la degeneración macular, la angina, la aterosclerosis y el cáncer. Consumido asado y sin la cáscara es más fácilmente digerido por quienes sufren de colon irritable u otros problemas digestivos.


Piña. Tanto la fruta como su principal ingrediente, una enzima antibacteriana denominada bromelaína, son antiinflamatorias. La piña ayuda a la digestión, disuelve los coágulos sanguíneos, y, debido a su alto contenido en manganeso, es buena para prevenir la osteoporosis y las fracturas óseas. También es antibacteriana y antiviral, y ligeramente estrogénica. 


Repollo. En la Roma antigua era considerado como remedio contra el cáncer. De hecho, las investigaciones han confirmado que posee un gran número de compuestos anticancerosos y antioxidantes. Acelera el metabolismo del estrógeno y se cree que podría bloquear el cáncer del seno y suprimir el crecimiento de los pólipos precursores del cáncer de colon. Estudios adelantados en grupos masculinos permitieron comprobar una reducción de un 66 por ciento en la posibilidad de contraer cáncer de colon consumiendo repollo más de una vez a la semana. Tan solo dos cucharadas diarias de repollo cocinado fueron suficientes para proteger contra el cáncer gástrico. Tiene poderes antibacteriales y antivirales. En jugo contribuye a la cicatrización de heridas. Puede producir flatulencia. Algunas de sus propiedades se eliminan con la cocción.


Sandía. Contiene 40 por ciento más de licopeno (carotinoide de color rojo) que el tomate crudo. Es igualmente rica en glutatión, ambos compuestos antioxidantes con posibles posibilidades anticancerosas. Cumple una ligera actividad anticoagulante y antibacteriana. Cabe aquí anotar que, siendo una de las frutas más jugosas, las mejores sandías o patillas crecen en los terrenos más desérticos y en climas muy caliente.


Té. Debido principalmente a sus catequinas, el té posee propiedades anticoagulantes, antibióticas, antiulcerativas y antidiarréicas. Por su contenido en cafeína, es diurético y analgésico, aunque puede, por demás, acelerar la ansiedad y el insomnio así como los síntomas del síndrome premenstrual. Sin cafeína, es sedativo. También protege las arterias y previene la formación de caries. En los últimos años ha cobrado resonancia el té verde como protector de las arterias, versión sin embargo que no se ha comprobado científicamente.


Tomate. Fuente importante de licopeno es un antioxidante y agente anticanceroso que interfiere en la reacción en cadena de los radicales libres. Está asociado en la prevención de varios cánceres entre los cuales el del páncreas, cuello uterino y próstata. No pierde sus cualidades cuando se consume crudo o cocinado. Puede igualmente consumirse en concentrado sin que se alteren sus beneficios.


Toronja. La pulpa contiene pectina que reduce el colesterol en la sangre y revierte la obstrucción de las arterias por ateratomas. Brinda protección importante contra los cánceres gástrico y pancreático. El jugo es antiviral. Al igual que los demás cítricos, es muy rica en vitamina C. 


Trigo. El trigo integral es rico en fibra mientras que el salvado de trigo es altamente recomendado en la lucha contra el estreñimiento. Ésta es igualmente un potente anticanceroso y puede suprimir los pólipos precursores del cáncer de colon. Al reducir los depósitos de estrógenos, podría ayudar a prevenir el cáncer de seno en las mujeres. Uno de sus inconvenientes es que puede producir numerosas alergias e intolerancias así como artritis reumatoidea, síndrome del colon irritable y enfermedades neurológicas. El trigo debe ser eliminado en casos de intolerancia al gluten y enfermedad celiaca.


Uvas. Son abundantes en antioxidantes. Las uvas rojas son ricas en quercetina, son antibacterianas y antivirales. El aceite de las semillas de las uvas eleva los niveles del colesterol bueno (HDL).


Vino. Una o dos copas al día benefician el sistema cardiovascular. Tanto el vino rojo (tinto) como el blanco elevan el colesterol bueno. En particular el rojo previene la enfermedad cardíaca, la formación de coágulos y los accidentes cerebrovasculares. El hollejo de las uvas que se utiliza en la fabricación del vino rojo, no del blanco, contiene agentes que adelgazan la sangre. El vino eleva los niveles de estrógeno y frena la formación de cálculos biliares. En algunas persona causa migraña y/o irritación del colon.


Yogur. Con excelentes propiedades antibacteriales y anticancerosas, el yogur es conocido desde la antigüedad. Una o dos tazas al día refuerzan la función inmunitaria y estimulan la producción del interferón gamma. También fortalece la acción de las células asesinas naturales que atacan los virus y tumores. Ayuda a prevenir y curar la diarrea y es recomendado en caso de tratamientos con antibióticos ya que ayuda a proteger el revestimiento interno de los intestinos. En las mujeres, una taza diaria de yogur con lactobacilina previene la vaginitis o infección por levaduras. Ayuda a combatir enfermedades de los huesos como la osteoporosis. El yogur con cultivos vivos no produce intolerancias.


Zanahoria. Fuente maravillosa de betacaroteno poderoso antioxidante, con amplia gama de facultades para combatir el cáncer, proteger las arterias, fortalecer el sistema inmunitario y combatir las infecciones. Un estudio adelantado en mujeres comprobó que una zanahoria diaria ayudó a reducir en un 68 por ciento la incidencia de accidentes cerebrovasculares. En dosis altas como las contenidas en las zanahorias, el betacaroteno reduce sustancialmente el riesgo de contraer enfermedades degenerativas en los ojos como cataratas y degeneración macular. El alto contenido de fibra soluble disminuye el colesterol en la sangre o lo regulariza. La cocción no destruye el betacaroteno. Una ligera cocción ayuda, por el contrario, a una mejor asimilación de las zanahorias.